Alicia Alonso y las raíces rusas del ballet cubano

Escrito por Tatiana Solovieva.

Foto: Alicia Alonso e Igor Youskevitch.

El pasado 17 de octubre nos dejó una leyenda de la danza universal. Alicia Alonso era cubana de sangre española, porque aquí nacieron sus padres. Pasión española a lo que sumaba su gracia cubana y una técnica heredada de los legendarios bailarines rusos, que se refugiaron en los Estados Unidos tras las convulsiones de las primeras décadas del siglo XX.

Link video Alicia Alonso e Igor Youskevitch.:

La influencia de los artistas rusos en Alicia Alonso y el ballet cubano es evidente, en cambio, es poco desconocida para un lector que no esté muy introducido en el mundo de la danza. ¿Cómo llegó la influencia de la escuela rusa de ballet clásico a las Américas?

Los turbulentos acontecimientos históricos de los años 1914-1920 hicieron que muchos rusos con altísimo nivel cultural establecieran su residencia en los países lejanos a su Patria. Cuba fue uno de sus destinos. En Europa, la Primera Guerra Mundial causaba estragos en el ánimo de todos a lo que se sumaba la ausencia de escenarios por la guerra. En cambio, en Cuba la Primera Guerra Mundial provocó que el elevado precio del azúcar generara grandes beneficios a la aristocracia cubana y era muy rentable actuar allí. En 1918 se creó la Sociedad Pro-Arte Musical SPAM como organización benéfica que funcionaba gracias a las aportaciones de la “aristocracia de azúcar”, cuyo objetivo era promover la cultura musical mundial en la isla.

Los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev (1909-1929) revolucionaron el mundo artístico y crearon la potente marca Ballet Ruso. Con la muerte del empresario Serguei Diaghilev y la desintegración de la compañía aparecieron muchas nuevas compañías de ballet ruso en el occidente. Muchos bailarines rusos se establecieron en diferentes países y crearon sus pequeñas escuelas. Los años 1930 fue la época de apariciones de escuelas nacionales y a base de ellas de los ballets nacionales. El Ballet de Cuba como compañía de Alicia Alonso aparece en 1948 y el 1959 Fidel Castro la convierte en el Ballet Nacional de Cuba.

En Cuba, el primer antecedente en el siglo XX lo encontramos con las giras de la legendaria bailarina rusa Anna Pavlova, que fue el primer país de América Latina donde actuó la gran artista en 1915, repitiendo en 1917, 1918 y 1919. Sus giras fueron organizadas por un empresario ruso que vivía en Chicago, Maksim Rabinovich.

Foto: Cartel de la primera gira de la Compañía de Anna Pavlova, 1915.

El éxito del ballet ruso fue tal que así lo expresaba el crítico cubano Miguel González Gómez en el Heraldo de Cuba: “Paulova es una auténtica sensación, su arte de bailarina se combina en ella con un inusual talento de actriz, sus movimientos son elegantes y encantan con su ingenuidad, su rítmica posee la precisión matemática”. Luís Baralt en la revista Correo musical de La Habana escribiría: “El Ballet Ruso supera todas las artes plásticas conocidas en el mundo. Lo más importante en él es transmisión de los sentimientos libres y bellos. En este sentido la escuela rusa ha causado una auténtica revolución, que estremeció a los críticos de artes, y abrió nuevos caminos en el desarrollo de las artes”. Ante el estreno de La Bella Durmiente (1932) la revista “Pro-Arte Musical” publicó una amplia entrevista sobre los principios profesionales de Nikolay Yavorskiy preparada por el crítico Arturo Alfonso Roselló: “El Ballet Ruso goza de la fama mundial merecida porque posee un lenguaje expresivo propio. Ni la escuela francesa, ni la italiana llevan en sí ideas, argumentos y no influyen psicológicamente en el público, dedican más atención a la técnica. En el ballet ruso cada movimiento está lleno de símbolos expresivos con ideas transcendentales. El Ballet en América es técnico, mecánico, ni un movimiento de él se puede traducir al idioma del corazón, ese ballet no tiene alma”.

La siguiente compañía que pasó por Cuba en 1923 fue el Ballet Ruso de Pavey, que estaba dirigida por un exartista de la compañía de Anna Pavlova, Serge Ukrainsky, quien se convirtió pocos meses después en director del ballet de la Ópera de Chicago.

Pero la explosión del interés en Cuba hacía el ballet ruso se produjo a principios de los años 1930 cuando actuó La Opera Privada Rusa de Paris de Coronel Basil (pseudónimo de Vasiliy Voskresensky, quien fue oficial del ejército ruso y después de la Primera Guerra Mundial se convirtió en empresario teatral y dirigió Los Ballets Rusos 1921-1925, Ballet de la Ópera Privada de Paris 1925-1931, Ballet Ruso de Monte-Carlo 1932-1936, Ballet Ruso de Coronel Basil 1935-1939, Ballet Ruso de Covent Garden 1938-1939, Original Ballet Ruso 1939-1952).

Foto: Leonid Massine (Miasin) y Coronel Basil (Vasiliy Voskresensky), años 1930

Con esta compañía llegó a Cuba cómo solista Nikolay Yavorsky (1892-1947), un personaje fundamental, pues se acabaría convirtiendo en el creador de la escuela de ballet de Cuba. La gran depresión en los EEUU golpeó económicamente a Cuba y los aristócratas cubanos no podían seguir manteniendo la Sociedad Pro-Arte Musical (SPAM). Para salvarla decidieron hacer cursos de ballet de pago. Cómo profesor invitaron a Nikolay Yavorsky quien estaba por casualidad en Cuba y sin trabajo.

Foto: Nikolay Yavorsky.

Yavorsky había nacido en Odessa, donde mientras estudiaba en la Universidad Politécnica tomó clases de ballet. En la Primera Guerra Mundial fue oficial de artillería y tras su fin llegó a Belgrado, donde trabajó en el Ballet del Teatro Nacional, que desde 1922 dirigía la ex solista del Mariinskiy Ballet de San Petersburgo y de los Ballet Rusos de Diaghilev, Elena Poliakova. En 1929 le invitaron como solista a la Opera Privada Rusa de París. Con esta compañía haciendo giras por América Latina, Yavorsky llegó a Cuba. La crisis hizo que la compañía se disolviera en Méjico en la primavera de 1930, y al quedarse sin los medios para vivir, sin la posibilidad de volver por lo menos a Europa o a los EEUU, solo pudo comprar un billete en el barco a La Habana.  Justo, en ese momento, estaban intentando crear la escuela de ballet de la SPAM.

Yavorsky fue profesor en esta escuela durante toda la década de los años 30 y entre sus alumnas estaba Alicia Alonso. La primera actuación de los alumnos de la escuela fue el 29 de diciembre de 1931, entre ellos estaban Cuca Martínez (la hermana mayor de Alicia Alonso), Delfina Pérez Gurri, Dinora Argudin y por primera vez salió al escenario en el Vals de La Bella Durmiente la pequeña Alicia Martínez (Alonso, que tenía 10 años). El crítico José Valdés Rodríguez escribió en “El Mundo”: “El trabajo realizado por Yavorsky merece las mejores y sinceras alabanzas. Poner en escena un auténtico ballet y preparar a los bailarines casi profesionales en solo cuatro meses – es un trabajo titánico, que es capaz de realizar solo un gran artista”. Por el éxito, Yavorskiy fue felicitado hasta por el director de la Metropolitan Opera de Nueva York – Alexander Sanin (…también ruso).

Foto: Alicia Martínez (Alonso) Escuela SPAM, años 1930.

El 26 de octubre de 1932 la escuela de Yavorsky estrenó el ballet La Bella Durmiente en versión completa aunque adaptada a las posibilidades técnicas de sus alumnos. El papel de princesa Aurora interpretaba la favorita del maestro – Delfina Pérez, y el solo de Pájaro Azul lo bailó Alicia Martínez (Alicia Alonso), ya con 11 años de edad. Esta función fue importante para el futuro del ballet cubano: la vieron los hermanos Alberto y Fernando Alonso, y se interesaron por los estudios de ballet. El mayor de los hermanos, Alberto, se apuntó a la escuela.

En el siguiente programa preparado con los alumnos y presentado en el Auditorium el 5 de noviembre de 1933, la crítica destacó la actuación de Alicia Martínez (Alonso) en el ballet “Circo”. La foto de Alicia en esta coreografía es una de las primeras fotografías de la futura estrella.

Foto: Alicia Martínez (Alonso) 1934 “Circo”

Poco después, en 1934 actuó entre los alumnos de Yavorsky Alberto Alonso cómo guerrero en Las Danzas Polovtsianas.

En 1935, Yavorsky recomendó al coronel Basil, que en ese momento dirigía Los Ballets Rusos de Montecarlo, a su alumna Delfina Pérez Gurri y un año después a Alberto Alonso. Así, dos de los alumnos cubanos de Yavorsky empezaron a trabajar con los Ballet Rusos de Montecarlo, donde estuvieron durante años. Alberto Alonso trabajó en la compañía de Coronel Basil durante 5 años, 1936-1941, esto le permitió adquirir muy buena preparación y experiencia para poder posteriormente encargarse de la dirección de la escuela de SPAM. El camino de los primeros cubanos en Los Ballets Rusos abrió puertas a los siguientes: Aníbal Navarro y Luis Trapagui (quien, siguiendo la tradición de la compañía se puso el  seudónimo ruso Igor Trofimov). Las mujeres de Alonso y Trapagui, también bailarinas de Original Ballet Ruso, Alexandra Denisova (cuyo nombre real fue Patricia Déniz) e Irina Lavrova (Varlen Tvidi) posteriormente también fueron profesoras de la escuela SPAM.

En 1937, Yavorsky presentó en La Habana El Lago de los Cisnes, donde el papel principal lo hizo Alicia Alonso. Después del estreno, la revista Carteles le otorgó a la bailarina el título de prima bailarina assoluta.

En 1939, Yavorsky abandonó la escuela SPAM y creo su propia compañía en la Habana hasta que en 1941 le invitaron a ser profesor en la recién creada escuela de ballet de Santiago de Cuba. Cuentan que por la Escuela de SPAM en la época de Yavorskiy pasaron más de 1.500 alumnos.

Foto: Nikolay Yavorskiy con los alumnos de la escuela SPAM, 1935

.

Alicia Alonso, que había comenzado sus estudios en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical en 1931, a partir de 1939 empezó formar parte de varias compañías de los Estados Unidos (American Ballet Caravan, antecedente del actual New York City Ballet, Ballet Theatre of New York (hoy American Ballet Theatre). Allí cimentó su fama como intérprete trabajando al lado de figuras de ballet ruso como Mijail Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, entre otros. Sus parejas eran múltiples, pero con los que más bailó en aquella época eran los bailarines rusos y sobre todo con Igor Youskevitch

Foto: Alicia Alonso_Igor Youskevitch.

También bailó durante ocho años con Azari Plisetsky, hermano de la legendaria Maya Plisetskaya.

Foto: Alicia Alonso y Azari Plisetsky en el Teatro Campos Elíseos de Paris.

La fama internacional le llegó el 2 de noviembre de 1943 en Nueva York, cuando (por la sustitución urgente de la estrella rusa Alicia Markova, quien no pudo bailar), Alicia Alonso mostró la perfección técnica unida a su gracia con su interpretación de “Giselle”.

Foto: Alicia Alonso e Igor Youskevich en Giselle.

Aunque muy unida al American Ballet Theatre, Alonso nunca olvidó Cuba y el 28 de octubre de 1948 fundó su propia compañía, el Ballet Alicia Alonso, luego Ballet Nacional de Cuba. Los problemas económicos asfixiaban la compañía por lo que tuvo que seguir bailando con el American Ballet Theatre y los Ballets Rusos de Montecarlo, hasta que “en eso llegó Fidel”.

Tras la revolución cubana Fidel Castro, se le ofreció recuperar la idea de crear el Ballet Nacional de Cuba como compañía estatal y popularizar la danza en el país, creándose así en 1959 el Ballet Nacional de Cuba. Gracias a Alicia Alonso y a la Revolución Cubana, el ballet dejó de ser algo propio de las élites, de quienes pudieran pagar una entrada, ahora el ballet era del pueblo.

Foto: AliciaAlonso e IgorYouskevitch.

Aunque la idea de hacer precios populares para el público en Cuba surgió bastante antes. Fue en la última gira del Original Ballet Ruso en mayo de 1946, cuando la compañía dio 3 espectáculos extra con precios populares en el “Estadium” de la Universidad. Tras el éxito de esta acción la consecuencia política directa fue la creación en 1946 del Departamento de Cultura de la Federación de estudiantes de Cuba que aportó muchísimo en la educación cultural de los cubanos y antes y después de la revolución.

Hablando de juegos de destino, no podemos dejar de citar otro acontecimiento singular. En una de las giras del Original Ballet Ruso del Coronel Basil por América Latina, en 1940, los problemas económicos debidos a la Segunda Guerra Mundial obligaron al empresario Sol Hurok (uno de los más famosos empresarios norteamericanos, también nacido en Rusia, Solomon Izrailevich Gurkov 1888-1974), a bajar los sueldos. Las protestas de los artistas le llevaron a anular las actuaciones programadas. El resultado fue que 115 personas de la compañía se quedaran sin trabajo y sin poder salir de Cuba. Para sobrevivir, en un cabaret de Habana (la casa anteriormente era la propiedad del Cónsul General de Rusia en la Habana Regino de Truffen), el coreógrafo ruso D. Lishin preparó un programa para la fiesta de Año Nuevo con el nombre “Congo-Pantera”, en cuyo argumento estaban las escenas de caza de panteras en los bosques tropicales de África. Este espectáculo tuvo tanto éxito que estuvo en cartel durante 3 meses seguidos. Así empezó la mundialmente famosa Tropicana.

En 1941 también llegó a La Habana Anna Leontieva, bailarina de Original Ballet Ruso de coronel Basil (hija de la bailarina del Mariinskiy Ballet y de los Ballet Rusos de Diaghilev, Evgenia Klemezkaya). En 1943 allí creo su propio Estudio y el Ballet de Anna Leontieva (en 1946 llegó también su madre) y conseguía tantos éxitos en la isla que, desde 1959, fue nombrada asesora de danza del Ministerio de Cultura de Cuba.

Igualmente, en 1941 volvió a Cuba Alberto Alonso, quien después de años de experiencia con el Ballet Ruso de Montecarlo se encargó de la dirección de la escuela de la SPAM, creada por Yavorsky. Todo esto hizo que la influencia de la escuela rusa de ballet hiciera de Cuba terreno abonado para el desarrollo de una escuela cubana de ballet, misión que llevaría adelante Alicia Alonso.

Nikolay Yavorsky murió en 1947 dejando tras de sí a una gran cantidad de bailarines cubanos y una escuela de ballet ruso adaptada al temperamento latino.

Foto: Alicia Alonso  e IgorYushkevich Ballet Coppelia 1940.

La historia de la influencia rusa en el ballet internacional y, especialmente, en el cubano, no acaba aquí. También llegó a través de la Unión Soviética, haciendo de los bailarines cubanos una combinación de estricta formación integral desde temprana edad, una exposición a un público muy particular y una promoción del arte comparable con la del deporte en otros países.

La Escuela Cubana de Ballet

Como ya hemos explicado, hasta la llegada del maestro ruso Nikolay Yavorsky no había indicios de un estilo cubano de ballet. Alicia Alonso menciona al respecto: “Con él [Yavorsky] comenzaron a estudiar ballet las personas que iniciarían luego el movimiento profesional de ballet en Cuba. Sin embargo, la Escuela de Pro-Arte no tenía como fin la preparación de verdaderos profesionales de la danza”. Pronto marcharon a continuar los estudios en los Estados Unidos, con los grandes profesores rusos que se habían radicado en Nueva York… “Para el surgimiento de la escuela cubana de ballet, para sus características futuras, fue un factor muy importante la formación que recibimos de esos profesores.”

Mucho se ha hablado de los antecedentes de la Escuela Cubana en lo que se refiere a su relación con escuelas precedentes y sobre ese particular Alicia Alonso nos da claras definiciones: “Yo tuve como profesores principales al italiano Enrico Zanfretta, representante de la antigua escuela italiana, de gran importancia en mi formación. Aquí puede verse un punto de contacto entre la antigua escuela italiana y la escuela cubana. También fue para mí una profesora esencial Alexandra Fedorova, ex bailarina formada fundamentalmente por Cecchetti en la escuela de San Petersburgo y que había sido estrella del Ballet Mariinsky. Aquí tenemos un importante contacto con la escuela rusa antigua (…)

En el proceso de formación de la escuela cubana estudiamos también de cerca la escuela soviética, cuando bailé en los principales teatros de la Unión Soviética entre 1957 y 1958. Visité las escuelas, compartí con profesores y bailarines, ofrecimos además clases de exhibición”.

Alonso fue la primera bailarina occidental en actuar en la Unión Soviética y la primera representante latinoamericana en el Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov, en Leningrado (San Petersburgo), en 1957 y 1958, respectivamente.

Todos esos elementos estuvieron presentes en la creación, en 1950, de la Academia de Ballet Alicia Alonso, como parte de un proyecto de gran alcance artístico que se dirigía a la enseñanza del ballet en Cuba con total rigor profesional, quedando en manos de su marido, Fernando Alonso, quien para entonces había dejado de bailar, el trabajo de dirección docente desde donde se iría fraguando el sistema de enseñanza de la Escuela Cubana de Ballet que llega hasta nuestros días.

Estos son solo los pequeños apuntes de la historia del Ballet de Cuba. Se puede hablar mucho más, por ejemplo sobre Alexandra Fiodorova, León Fokin, Eugenia Klimetskaya, Igor Youskevitch, Azari Plisetsky… Será en otra ocasión.

* Más información en el importante trabajo realizado por Mikhail Rossiysky “La emigración rusa en Cuba” (Русское зарубежье на Кубе), fuente de muchos de los datos que aparecen en el presente artículo

Foto: Alicia Alonso y Maya Plisetskaya.

Escrito por Tatiana Solovieva.

Gaucho escena del espectáculo Danzas de pueblos del mundo Igor Moiseyev

España vivirá uno de los principales acontecimientos culturales del año – Blog Eter

Gaucho escena del espectáculo Danzas de pueblos del mundo Igor Moiseyev

El mundialmente conocido Ballet de Igor Moiseyev (Igor Moiseyev State Academic Ensemble of Popular Dance), vuelve a España 20 años después (1966, 1973, 1982, 1997), una ocasión única para los enamorados del arte y la danza que no pueden perder la oportunidad de verlo en los mejores escenarios españoles:

El Ballet de Igor Moiseyev fue creado en 1937 por uno de los mejores coreógrafos del siglo XX, Igor Moiseyev. Esta legendaria compañía, única en el mundo, tiene para Rusia un gran significado, al igual que el Kremlin, el Teatro Bolshoi o la Plaza Roja. El Ballet Moiseyev es una forma inmejorable de sumergirse en la cultura y el arte ruso.

La compañía rusa presentará en España su espectáculo “Danzas de los Pueblos del Mundo”. Los artistas del ballet de Igor Moiseyev le llevarán a un viaje festivo alrededor del mundo, gracias a su habilidad insuperable.

La inspiración de Igor Moiseyev transmitida a sus artistas, hará vibrar y dar rienda suelta a las propias emociones del espectador. Sus coreografías han entrado en la historia, como una pintoresca enciclopedia de la vida popular, conservando su sabor a través del tiempo. Más de 80 bailarines en escena, con grandes coreografías que forman parte del patrimonio de la danza mundial. El público podrá ver las famosas coreográficas rusas: “Verano”, “Kadril”, “Partizanos”, “Marineros”, y de otros pueblos: moldavos, kalmykos, griegos, tártaros, mejicanos, adygéos y argentinos, y también la coreografía que emociona a todo el mundo – “Fútbol”.

Medio:   Eter – Blog sobre danza en España

https://www.eter.com/actualidad/noticia.php?id=19463

La embajada del arte ruso Igor Moiseyev – Revista Diplomacia Siglo XXI

La embajada del arte ruso, el Ballet de Igor Moiseyev, regresa a España

El mundialmente conocido Ballet de Igor Moiseyev, vuelve a España por quinta vez, la última hace más de 20 años, con seis exclusivas actuaciones en los mejores escenarios de la Península, colocándolos al mismo nivel que los grandes de Paris, Nueva York, Londres, Berlín, Washington o Moscú. La ocasión es única y todos aquellos enamorados del arte y la danza no pueden perder la oportunidad.

La Compañía rusa presentará en España, entre los próximos 24 de noviembre y 4 de diciembre, su espectáculo “Danzas de los Pueblos del Mundo” que llevará al espectador por un viaje artístico y festivo a través de los pueblos de los cinco continentes gracias a su habilidad insuperable.

El protagonista de este singular acontecimiento es la que sin duda es la Compañía teatral de danza más importante del mundo: Igor Moiseyev Ballet.

Arte, pueblo y diplomacia: Una Compañía histórica

El Conjunto Académico Estatal de Danza Popular con el nombre de Igor Moiseyev fue creado en 1937. Simbólicamente, se considera la fecha del 10 de febrero, el día del primer ensayo en la Casa del Maestro. Moiseyev recurrió en primer lugara la música de compositores clásicos como N. Rimsky-Korsakov, A. Borodin, M. Glinka, M. Mussorgsky.

Desde 1940, la base de ensayos de la Compañía se instaló en la Sala de Conciertos Tchaikovsky, donde continúa hasta el día de hoy. El primer concierto se celebró el 29 de agosto de 1937, en el teatro Hermitage de Moscú.

Según muchos de los estudiosos, la Compañía fue creada con la ayuda de Molotov. Pero el propio Igor Moiseyev lo negó: “Esto es un error. Molotov no ofreció el apoyo. El presidente del Comité de las Artes, Platon Kerzhentsev, un hombre educado y con iniciativa, fue el que brindó su apoyo. Sabía de mí y que en la Compañía de ballet había reunido un equipo para la producción de piezas etnográficas, pero se me prohibió organizarlo, diciendo que iba a convertir el Bolshoi, teatro principal del país, en una cervecería”. Luego Kerzhentsev aconsejó que escribiera una propuesta a Molotov para organizar un Conjunto de Danza Popular. Kerzhentsev comentó al maestro: “Molotov me llamará, responderé por Vd y le explicaré que Vd puede hacer la tarea“. Y así la resolución fue recibida por el Presidente del Comité.

Moiseyev con sus artistas se fueron de expediciones folclóricas por todo el país, buscaron danzas desaparecidas, canciones olvidadas, ritos evasivos. No había lugar para ensayar ya que a nadie le gustaba aquella “multitud ruidosa”. La gente no tenía idea de que pronto esos bailarines mal vestidos se convertirían en los artistas favoritos de Stalin, que dio orden de que se les instalara una residencia en los pasillos de un teatro en construcción, la ya citada Sala de Conciertos Tchaikovsky. Pero no tuvieron tiempo de echar raíces: estalló la guerra y un vagón de segunda clase se convirtió en el hogar de la Compañía. Se acostumbraron a ser nómadas. Justo después de la victoria, los bailes de la Compañía de Moiseev enamoraban a una Europa en ruinas. Para su país natal, Moiseyev hizo casi más que el personal diplomático y el gobierno.

Por todo ello, el Conjunto Académico Estatal de Danza Popular lleva el nombre de su fundador, Igor Moiseyev porque fue el primer colectivo coreográfico profesional del mundo dedicado a la interpretación artística y la expansión de la danza folclórica de los pueblos del mundo.

En los primeros años del ballet fueron acompañados por un grupo de instrumentos populares bajo la dirección de E. Avksentyev. A finales de la década de 1940, se creó una pequeña orquesta sinfónica con la ayuda de instrumentos folclóricos, cuyo impulso principal se le debe al director S. Galperin. Hoy, los conciertos del conjunto están acompañados por una orquesta compuesta por 35 personas. Sus directores, Evgeny Avksentiev, Samson Galperin, Nikolai Nekrasov, Anatoly Goose o el músico Vladimir Zhmykhov hicieron arreglos originales a las melodías populares a lo largo de estas ocho décadas.

 

En 1943, en plena Gran Guerra Patriótica, Moiseyev fundó la Escuela Académica de Danzas Populares. Sabía que necesitaba una escuela que proporcionara a la Compañía personal altamente profesional. Desde entonces, sus graduados se convirtieron en el núcleo del equipo, muchos de ellos llegaron a ser maestros de la compañía, y esta conexión creativa nunca se interrumpió.

La escuela participó en festivales y concursos de baile, impartieron clases magistrales, talleres creativos y realizaron giras en Italia, Brasil, Japón, China, Portugal y muchos otros países y ha recibido un alto reconocimiento no solo entre el público, sino también entre los profesionales. La escuela fue galardonada con una medalla de oro en los Campeonatos Mundiales de Artes Escénicas (EE.UU.).

Ser estudiante de la Academia de Danza Moiseyev es un gran honor y responsabilidad, que se respeta en todo el mundo. Los graduados de la escuela son profesionales con formación universal: clásica, folclórica, histórica, danza de dueto, danza de jazz, gimnasia, acrobacia, actuación, tocar el piano e instrumentos musicales folclóricos, historia de la música, historia del teatro, ballet, arte… formando bailarines bien entrenados no solo para el ballet de Igor Moiseyev, sino también para otras compañías profesionales. La admisión en la Academia de Danza Moiseyev se lleva a cabo una vez cada cinco años. Tienen que ser niños superdotados de 13 a 14 años que se han graduado en la escuela secundaria. En su último año, los estudiantes realizan prácticas de posgrado en la Compañía.

 

Desde 1938 hasta nuestros días, el Ballet de Igor Moiseyev ha estado continuamente de gira por Rusia y el extranjero. Por un número récord de giras, el conjunto figura en el Libro de Récords Guinness de Rusia. Desde la primera gira en el extranjero (Finlandia, 1945), el conjunto Igor Moiseyev ha sido el embajador ruso del mundo entero: fue el primero en establecer relaciones culturales de Rusia con los siguientes países:

1942 – Mongolia; 1945-Finlandia, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia;

1954 – China; 1955-Gran Bretaña, Francia; 1957 – Egipto;

1958 – Estados Unidos, Canadá; 1959 – Japón; 1966 – España;

1968 – Australia, Nueva Zelanda….

Ha sido la primera y única Compañía profesional de danza folclórica que actuó en el escenario de la Gran Ópera de París (1966) y en La Scala de Milán (1966).

El Ballet de Igor Moiseyev es, sin duda, la compañía que más kilómetros ha hecho alrededor del planeta. Sus representaciones en los mejores teatros del mundo han sido innumerables durante estos 82 años, habiendo actuado en más de 70 países.

En España actuó en 1966, 1973, 1982, 1997 en grandes escenarios como la Plaza de Todos de las Ventas y el Palacio de los Deportes. Moiseyev creó tres coreografías españolas, de las cuales La Jota Aragonesa con música de M. Glinka, es una de las más representadas en el mundo y se podrá verla en la próxima gira del Ballet en España.

 

A lo largo de la dilatada y rica historia de la existencia del colectivo y gracias a los continuos esfuerzos de Igor Moiseyev y sus artistas, la riqueza de la danza folclórica ha sido preservada y comprendida creativamente.

En la actualidad, el Conjunto Académico Estatal de Danza Popular Igor Moiseyev continúa desarrollando y enriqueciendo el método creativo de interpretación del folclore, promoviendo sus técnicas y principios en sus actuaciones en los mejores escenarios.

El maestro Igor Moiseyev describió la danza popular escénica como “un retrato plástico de la gente”, “una poesía silenciosa” y “una canción visible”; definiendo la danza popular como la coreografía de la Nación. En cada escena de sus espectáculos los artistas rusos hacen sentir al espectador como si visitase una galería de arte con una colección de cuadros única. Cada pieza del ballet está llena de imágenes vivas que brillan con colores y enriquecen el alma.

Actualmente dirige el Ballet de Igor Moiseyev su ex alumna y en el pasado solista principal de la Compañía, Artista de Honor del Pueblo de Rusia y ganadora del Premio Estatal de la Federación Rusa, Elena Shcherbakova.

Hoy día, el Ballet de Igor Moiseyev, habiendo conservado por completo todo su patrimonio, continúa deleitando a los espectadores de todo el mundo en su increíble 83 temporada.

Moiseyev, el artista patriota que quiso ser útil a su país

Igor Moiseyev nació en 1906 en el Imperio Ruso de los Romanov. Es, sin duda, el coreógrafo más grande del siglo XX, quien ha cambiado el curso del desarrollo de este arte a nivel mundial haciendo de la danza popular patrimonio universal. Moiseyev es el creador de un nuevo género de arte escénico: la Danza Popular Escénica, y un nuevo modelo de compañía profesional la Compañía de Danza Popular, con un nuevo método artístico de interpretación escénica para el folclore, cuyo objetivo es desarrollarlo y enriquecerlo con la ayuda de artistas profesionales.

La vida y el destino de Igor Moiseyev es un ejemplo excepcional de servicio a su causa favorita. Ya en la juventud, Igor Moiseyev estaba fascinado por el arte popular. Desde entonces, todos sus pensamientos y aspiraciones estuvieron subordinados a un único propósito: preservar, desarrollar, enriquecer el folclore con conocimientos profesionales y hacerlo patrimonio de la cultura mundial.

Cuando era adolescente, por la insistencia de su padre “para que no anduviera por las calles”, comenzó a estudiar en la escuela de ballet de la famosa actriz Vera Mosolova, quien personalmente formó a un talentoso Moiseyev. Después de graduarse, se integró en la plantilla de artistas del Teatro Bolshoi.

Hizo los papeles principales en los ballets con coreografía de Kasián Goleyzovskiy (coreógrafo experimental que fue una figura influyente en la creación de George Balanchine) Joseph Hermoso (1925) y Teolinda, con coreografía de Alexandr Gorsky El Corsario y  Salambo, y Futbolista (el ballet que I. Moiseyev creó juntos con L. Lashchilin).

Durante la década de 1920 y principios de la década de 1930, Moiseyev formó parte de la vanguardia que exploraba nuevas formas de baile antes de ser abroncado por la ortodoxia del realismo socialista. Asistió al salón literario de Anatoly Lunacharksy, buen conocedor del ballet quien, como ministro, había invitado a Isadora Duncan a montar su escuela en Moscú. Estudió a fondo los métodos teatrales de Stanislavskiy,  Vakhtangov, Meyerkhold, Taguirov. En la década de 1930, en plena era soviética, Moiseyev dirigió desfiles acrobáticos en la Plaza Roja, dirigió espectáculos en el teatro armenio de Rubén Simonov, impartió lecciones en el Teatro del Arte, fue profesor de la Escuela de Ballet de Moscú y dirigió la sección de coreografía en el Teatro de la Creatividad Popular (1936).

 

Pronto empezó su propia experimentación coreográfica. La carrera de Igor Moiseyev es un caso sin precedentes en la historia del teatro Bolshoi: se convirtió en coreógrafo con 24 años. Creó varios ballets para el Bolshoi, entre ellos El futbolista (1930), con música V. Oransky, junto con L. Zhukov y L. Lashchilin, mostrando un don para la sátira humorística, La Fille mal gardé, junto con A. Messerer (1930), Salambo (1932), Tres hombres gordos (1935) y Espartaco con música de A. Khachaturián (1958). También coreografió varias danzas para las óperas Zagmug (1930), Turandot (1931), Demonio (1932), Amor a las tres naranjas (1933), Carmen (1933)

Como ya hemos expuesto anteriormente, poco después creó la primera Compañía profesional del mundo de danza popular escénica, y la primera escuela profesional de danzas populares escénicas. Moiseyev tomó como inspiración los bailes nacionales de todo el mundo para construir nuevos esquemas de danza, fusionando el arte con los sentimientos y culturas de las naciones, lo que en tiempos de la Guerra Fría le convirtió en uno de los grandes embajadores culturales de la Unión Soviética, ayudando a que el público tuviera una percepción muy distinta de la creada en el imaginario popular sobre la URSS.

En 1939, después de disgustar a las autoridades con sus actitudes modernistas y su participación en una protesta organizada contra la sofocación de la creatividad, Moiseyev dejó el Bolshoi. Ya estaba dedicándose de lleno a su compañía. Durante sus viajes etnográficos a pie y a caballo por el Cáucaso y los Urales, se convenció de que el baile popular necesitaba una nueva vida en el escenario. Mientras que la danza popular convencional es esencialmente una actividad participativa, más interesante de practicar que ver, él quería crear una forma teatral para la danza popular que encontrara su lugar natural ante una audiencia.

 

En palabras suyas:

“En mis inicios me formé en la escuela de ballet Bolshoi donde la educación estaba basada en una gran variedad de estilos dentro del ballet. Pero mi pasión y lo que esperaba de mí era crear un nuevo estilo de danza diferente al ballet clásico.Tenía que crear una Compañía que tuviese otra naturaleza. El primer paso sería enseñar a los bailarines los conceptos de la danza popular, que incluye movimientos desconocidos en el ballet clásico y enseñarles a transformarse con los estilos nacionales.  Después llegaría el momento de hacerles sentir a los bailarines cada uno de los estilos de la danza popular: eslavo, oriental, caucásico… Dichos estilos son diferentes entre ellos, ya sea por coordinación, tradición o ritmos. La danza es un idioma. Aprendí a captar el colorido de la danza popular con la ayuda de la fantasía e imaginación artística. Quería transmitir con los sentimientos del folclore: las escenas de la vida y de la historia junto con los retratos de las personas. Extrayendo del folclore la temática, los géneros, los estilos, y todo lo que representaba el arte popular, me ayudaría a encontrar otra forma de presencia escénica – imágenes vivas de la cultura tradicional.”

Moiseyev no era un director implicado políticamente (algo fuera de lo común en la época): “En el trabajo me basé principalmente en mí y en mis artistas, sin depender nunca de la política. Ya en aquellos tiempos, cuando me negaba a unirme a los comunistas, por quienes fui invitado dieciocho veces, decidimos no ser partidistas, pero sí útiles para el país“. Sabía “que los gobiernos vienen y van, y en cualquier clima político ellos deben hacer su trabajo“. Y la Compañía hizo su trabajo con una dedicación completa. Los cambios frecuentes de clima y zonas horarias no preocuparon a nadie: el entusiasmo atravesaba todas las barreras. “Resultó – confesó Moiseyev -. He creado un equipo que encaja perfectamente con el programa de la fiesta, que dice que el arte pertenece al pueblo, que el pueblo crea el arte“.

Durante la Gran Guerra Patriótica, Igor Moiseyev pidió actuar en el frente, pero se le negó: era imposible bailar en las trincheras. Luego encontró dos vehículos y los artistas fueron a los Urales para actuar en fábricas militares y para los heridos en los hospitales. La gira duró 19 meses.

La visión de Moiseyev se encontró con la oposición de los puristas etnográficos que criticaron sus modificaciones de danzas auténticas. Pero Moiseyev perseveró, logrando mantener a su Compañía en la Segunda Guerra Mundial, recorriendo y recolectando material. Durante esos años, la Compañía a menudo viajaba a lo largo de senderos de montaña a caballo, por lo que a veces los bailarines se dedicaban a la equitación tanto como a cualquier otra cosa. Actuaron en claros de bosques, en las cubiertas de buques de guerra, en camiones amarrados para formar un escenario. De ese período surgió una de las piezas distintivas de la Compañía: Los Partisanos, tanto un homenaje a la valentía de los guerrilleros soviéticos como una exhibición de bravura en la que los artistas se mueven como a caballo.

Después de la guerra, Moiseyev gradualmente amplió su repertorio para incluir bailes de otros países, como Mongolia, Yugoslavia, Corea, China, a menudo como un homenaje cuando actuaban en esos países. En 1955, la Compañía actuó en París, era el primer conjunto soviético en aparecer en Occidente después de la guerra obteniendo un enorme éxito. En 1957, llegaron a Londres, y en 1958, contando con 100 bailarines, hicieron su debut en el Metropolitan Opera House de Nueva York, como primer conjunto soviético importante que actuaba en los Estados Unidos.

Cuanto más viajaban, más abrazaban otras danzas folclóricas nacionales: desde Sicilia hasta Argentina y Cuba. En 1971, El Conjunto pasó a tener la denominación de Ballet y se incluyo en repertorio extractos de obras del siglo XIX en versión coreográfica del maestro, por ejemplo, de las Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor con música de A. Borodin, La Noche en el Monte Pelado con música de M. Musorgsky, y varios ballets dramáticos.

La colección de bailes siguió creciendo: italiano, español, argentino, chino, mexicano. “En todos los países hemos dominado la coreografía local – escribe la actual directora artística Elena Shcherbakova-. En Venezuela, Igor Alexandrivich llamó a las chicas de tamaño menudo (las venezolanas son pequeñas) para aprender su baile popular. Cuando regresamos a Moscú. Moiseyev convocó a un ensayo a todos los artistas más incondicionales, y dijo: “Liliputienses, libres”. Y puso el baile Horopa para ser ejecutado con las piernas largas y altas de nuestros bailarines, muy diferente al de los sudamericanos. Los venezolanos estaban encantados, y Hugo Chávez estaba sinceramente sorprendido con la posible belleza de su pueblo”. El método mágico del verdadero reformador radica en el hecho, que conjura con los movimientos populares y crea obras maestras de las fuentes primarias nacionales. En Argentina nadie tenía dudas de que los pastores bailaban exactamente como el “Gaucho” de Moiseyev. Su “Bulba” es considerado un baile nativo en Bielorrusia, así como los italianos reconocieron la “Tarantella“, los griegos “Sirtaki, los españoles la “Jota Aragonesa” y los ucranianos el “Gopak“. Inaugurando las relaciones diplomáticas con China en 1954, en la plaza Tiananmen fue interpretada la coreografía de Igor Moiseyev La Danza con las Cintas. El público se quedó impresionado por la perfección de esta danza creada por un extranjero y confesaron que los rusos bailan mejor danza china que los chinos.  Este fue objetivo de Igor Moiseyev con todas las culturas. En 1991, colaborando con el compositor Mikis Theodorakis, Moiseyev organizó un conjunto de danzas griegas; y en 1994 (con 88 años) un conjunto de danzas judías.

 

Igor Moiseyev se veía a sí mismo como un retratista coreográfico de las naciones. “Trato de entender una nación no solo a través de sus bailes, sino también de su música, historia, tradiciones y costumbres“, dijo. “Y después de esto, trato de usar mis propias habilidades para enfatizar detalles específicos que ayudan a reflejar el carácter de la nación de forma cada vez más viva“. Por ello fue nombrado Artista del Pueblo de la URSS en 1953.

 

Como gran patriota de su país, Igor Moiseyev, es reconocido como un enviado de paz, de bondad y justicia. Un entusiasta apasionado y un artista desinteresado. Igor Moiseyev compartió generosamente con millones de personas su talento, conocimiento, amor por la danza y su gran principio: dar sin pensar en contraprestaciones. La nobleza y el humanismo de la misión cultural mundial de Igor Moiseyev han sido inestimables e impagables.

Como rasgos más intimistas, sabemos que recibía en su casa amigos hasta que su estilo de vida cambió para volverse más reservado. Moiseyev dijo que era “la hora de la soledad intelectual”. Gustaba de jugar al billar con el gran Mayakovsky, aunque de todos los juegos, prefería el ajedrez.

Por la contribución única al desarrollo de la cultura mundial, Igor Moiseyev fue condecorado con órdenes, medallas y títulos honoríficos de decenas de países. La ya citado título Artista Nacional de la Unión Soviética en 1953, Héroe del Trabajo Socialista en 1976, Premio Lenin en 1967, Premio del Estado Soviético en cuatro ocasiones -1942, 1947, 1952, 1985-, Premio de la Federación Rusa en 1996, además de otros muchos premios y condecoraciones en la Unión Soviética. Finalmente, le fue concedido el mayor honor civil de Rusia por sus servicios a la Nación de manos del presidente Vladimir Putin en 2006. Desde 2015 su Ballet forma parte del Patrimonio Cultural de la Federación Rusa.

Igualmente, Igor Moiseyev fue galardonado en decenas de países con múltiples premios internacionales en el campo de la coreografía, fue miembro honorario de varias Academias y su trayectoria fue reconocida por importantes organismos internacionales como la UNESCO. Con motivo del 50 aniversario de la fundación, el conjunto recibió la Orden de la Amistad de los Pueblos (1987) y del 75 aniversario La Medalla de Cinco Continentes (2011).

En España, le fue concedida en 1996 la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, entregada por el entonces Rey de España, Juan Carlos I.

 

Moiseyev falleció en Moscú en noviembre de 2007 a la edad de 101 años.

 

Arte y mito: La leyenda Moiseyev

Igor Moiseyev fue el primero en la historia de la coreografía del siglo XX en hacer del baile popular un fenómeno que une a los pueblos de todos los países, independientemente de la religión, la cultura y los regímenes políticos. Donde quiera que vaya la Compañía creada por Moiseyev, promueve los folclores del mundo y los enriquece con técnicas de arte profesional, dándoles nueva vida con las normas estrictas del arte escénico. Por todo ello, es imposible exagerar la gran importancia de la obra de Igor Moiseyev: sus coreografías han entrado en la historia como pintoresca enciclopedia de la vida popular, conservando su sabor a través del tiempo.

Con formas escénicas esbeltas y líneas únicas marcadas por la nobleza y la claridad de la expresión artística, las obras de Igor Moiseyev son un clásico de la coreografía, comprensible para los espectadores de cualquier país o cultura. Siempre son modernas, llenas de personajes populares, de amor, alegría, humor, vida, en definitiva, de todo lo que siempre será valioso para una persona.

El repertorio del Ballet de Igor Moiseyev cuenta con cientas de obras generosamente llenas de imágenes impactantes, personajes brillantes, pinturas escénicas, contadas por la vida misma de los pueblos.

Este milagro, al que desde hace 82 años aplaude todo el mundo, no hubiera podido nacer si Moiseyev no hubiera dominado todas las sutilezas de la danza nacional, todos los métodos y técnicas de la coreografía profesional, del arte dramático y musical, que han servido de base a su singular método artístico para la interpretación escénica del folclore.

La Compañía está compuesta por bailarines-actores altamente profesionales que son capaces de un alto nivel de ejecución y de realizar tareas coreográficas complejas, que poseen la capacidad de transformar y dominar el arte de la danza en una imagen para expresar los caracteres nacionales.

Los principios artísticos principales del desarrollo del conjunto son la continuidad y la comprensión creativa de las tradiciones e innovaciones. La tarea principal que Igor Moiseyev planteó para los artistas de la primera plantilla de la Compañía fue el procesamiento creativo de los patrones folclóricos que entonces existían. Para ello, los artistas realizaron expediciones folclóricas por toda Rusia. En el repertorio del conjunto, los patrones folclóricos recibieron una nueva vida en el escenario, gracias a los cuales se conservaron para varias generaciones de espectadores de todo el mundo. Hoy, el desarrollo creativo del folclore sigue teniendo lugar durante las giras extranjeras.

Moiseyev es la culminación de una era, un género, un estilo que no tiene paralelo en todo el mundo. Fue capaz de negar las leyes del paso del tiempo por su activa longevidad, en la que su emocionante actividad no se detuvo ni un solo momento.

Su nombre fue incluido en el Libro Guinness de los Records por tres veces. Se reunió personal y repetidamente con Stalin, jugó al billar con Mayakovsky y Marlene Dietrich lo besó solo por ser él. Realizó más de trescientas obras y su Compañía se puede considerar como la iniciativa más pacífica del cruel siglo XX. Corrigió el curso de la historia y la vida de su país, convirtiéndose en uno de sus sellos más distintivo. Difícilmente es posible presentar a Rusia sin la Compañía de Igor Moiseyev.

Cuando docenas de bailarines ocupan el escenario y como un resorte se lanzan a un vuelo sincrónico, entonces el corazón se detiene, no solo por la habilidad de los artistas, sino porque sus danzas contienen el brillo soberano del poder del pueblo. “Estos rusos bailan como demonios“, han escrito los periódicos occidentales.

Moiseyev fue un hombre orgulloso y ambicioso que una vez dijo que el objetivo de su trabajo era “dar al público el retrato espiritual de un pueblo“. Para ese objetivo inventó la danza folclórica como un espectáculo teatral profesional, insistiendo en que tenía el derecho y el deber de cambiar el esfuerzo participativo a un idioma coreográfico serio, digno de estar al lado del ballet clásico y la danza moderna.

Cuando se lee el libro de Moiseyev “Recordando el recorrido de una vida“, podemos darnos cuenta de la profundidad de sus pensamientos. Dicen que solo cometió un error cuando dijo: “El conjunto no durará después de mí. La historia de un colectivo como el nuestro se mide por la vida de la persona que lo creó. No se puede heredar“. Por supuesto, al decir esto, era astuto, soñando con la existencia futura de su Compañía. Se dio cuenta de lo que era indispensable y, con la sabiduría de un vidente, construyó un sistema de trabajo durante muchos años: recogió a los herederos, los crio, los educó, identificó la actividad de cada uno, probando su fuerza.

Mientras pensaba en el futuro de la Compañía, nombró a altos cargos en los que confiaba. Les enseñó a trabajar. Hizo esto por adelantado con aquellos que lo sucederían. Fue hace veinte años cuando eligió a Elena Shcherbakova como directora, la ayudó y quedó muy orgulloso del resultado. De alguna manera logró encontrar a las personas adecuadas para la causa. Así pudo en sus últimos años estar como un patriarca que había descubierto la verdad. Su gran verdad: “Lo más importante en la vida es hacer lo que amas“.

Medio:  Revista Diplomacia Siglo XXI

Escrito por: Tatiana Solovieva

Página 46 a 52.

Click aqui para ver revista

Pamplona elegida para disfrutar en Baluarte del Ballet de Igor Moiseyev

Pamplona va a ser una de las ciudades privilegiadas con uno de los principales acontecimientos culturales del año: la presencia en el Auditorio Baluarte, el próximo 28 de noviembre, del Ballet de Igor Moiseyev en una única actuación. Los navarros enamorados de arte y la danza no pueden perder la oportunidad.

El mundialmente conocido Ballet de Igor Moiseyev (Igor Moiseyev State Academic Ensemble of Popular Dance), vuelve a España por quinta vez, la última hace 20 años (1966, 1973, 1982, 1997), pero será la primera vez que actuará en Pamplona, colocando a la ciudad navarra al mismo nivel que Paris, Nueva York, Madrid, Londres, Berlín, Washington o Moscú. Estas actuaciones no serían posibles sin el importante patrocinio de GazpromBank.

En el programa que en esta ocasión nos ofrece el Ballet de Igor Moiseyev incluye una coreografía muy querida en todo el Mundo: “La Jota Aragonesa” (música de Mikhail Glinka), que fue creada en 1966 justo después de la primera visita de La Compañía a España. Por las tres danzas españolas: La Jota Aragonesa, La Balada Española y el Tango Español;  por la importantísima aportación al mundo de la danza y por la propaganda de la cultura española en el mundo, a Igor Moiseyev le fue concedida en 1996 la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, entregada de manos del entonces Rey de España, Juan Carlos I.

Los pies de un bailarín de ballet – Dr Ricardo Casal Grau

Ballet Clásico de San Petersburgo de A. Batalov La Bella Durmiente.

Foto Angeles Figueira.

El bailarín de ballet  protagoniza una exigencia física completamente equiparable a la de cualquier deportista de élite.

El bailarín de ballet, independientemente de la disciplina que desarrolle dentro de éste, protagoniza una exigencia física completamente equiparable a la de cualquier deportista de élite, en ocasiones aún mayor.  Las estructuras del aparato musculoesquelético son exigidas y sometidas a una gran demanda.

El punto de contacto con el suelo, los pies, reciben las máximas presiones e impacto, en distintos puntos, tanto en los despegues, como las recepciones de salto, como durante los equilibrios.

Las zapatillas de punta, en contra de lo que pueda pensarse, no son una agresión adicional sino una protección. Son la manera menos agresiva de que un pie se arme sobre su punta para sostener todo el peso corporal.

Este conjunto de demandas y agresiones sobre el pie del bailarín, deriva en una serie de adaptaciones que vemos de forma casi constante en todos ellos.

En primer lugar, las hiperqueratosis (vulgarmente llamados callosidades), son la respuesta a la presión y el roce continuado sobre determinadas superficies de la piel. Hay algunas zonas especialmente características, como el lateral del primer dedo del pie, las articulaciones interfalángicas de los dedos, las almohadillas plantares, o el lateral del quinto dedo.

Estas llegan en ocasiones a crecer tanto, que el pie se deforma visualmente en gran medida.

Esto ocurre indistintamente en hombres y en mujeres, aunque los puntos de presión en los pies de las bailarinas que trabajan sobre la zapatilla de punta son muchas veces muy remarcados y muy característicos.

Igor Moiseyev Ballet La Jota Aragonesa. Foto de E. Masalkov

Ambos, hombres y mujeres, experimentan algunas dificultades con la estética de sus pies cuando los muestran, por supuesto, pero esto no deja de ser un “gaje del oficio”, equiparable a tantas otras deformidades características en las distintas disciplinas deportivas.

Otro aspecto de esta sobre demanda es cómo las características concretas de cada pie hacen que estas presiones y sus problemas subsecuentes, sean de mayor o menor envergadura.

Esto deriva en que hablemos de una simple adaptación del pie a la sobresolicitación, sin repercusión patológica, que puede producir alguna molestia sin más, hasta que hablemos de auténticas patologías que obligan en ocasiones a parar o abandonar la actividad.

 Foto de Ignacio Jurado

Dr. D. Ricardo Casal Grau

Unidades integrales  de  Miembro inferior y Miembro superior y Unidad integral de Raquis

Cirugía Artroscópica, endoscópica y tenoscopia
Cirugía Ortopédica y Traumatología

General, Deportiva y del Ballet

Ballet de San Petersburgo en Galicia

Compra aquí tus entradas para una de las fechas de Galicia.  Venta oficial de las entradas. 

 

El Ballet Clásico de San Petersburgo es la compañía dirigida por el solista principal del Mariinskiy Ballet,  Andrey Batalov (Director Artístico y Coreógrafo) y por Andrey Sharaev (Director General).

Andrey Batalov es uno de los más reconocidos bailarines rusos a escala internacional: Gran Prix Competición de Moscú, Medallas de Oro en Nagoya (Japón) y en París,  Budapest y Arabesk-Perm, solista principal del Mariinskiy Ballet de San Petersburgo…

Ballet de San Petersburgo estas Navidades nos ofrece sus grandes clásicos

El Lago de los Cisnes, El Cascanueces y La Bella Durmiente, que les sorprenderán sorprenderá con la belleza del decorado y vestuario y la interpretación de los grandes solistas: Andrey Batalov, Kristina Terentieva,  Mikhail Martyniuk, Mariana Rusu, Sergey Iliin, Dmitry Sharay, Nikolay Nazarkhevich.

Premios Teatro de Rojas al Mejor Espectáculo de Danza de 2018 por La Bella Durmiente y de 2015 por El Lago de los Cisnes

El Ballet de San Petersburgo es una oportunidad única de disfrutar de la AUTÉNTICA escuela rusa de ballet.

Igor Moiseyev es un ejemplo a seguir para los coreógrafos.

Entrevista con Leonid Milovanov, coreógrafo de Cosacos de Rusia

Hace poco estuvo de gira por España el Teatro Estatal de Danza Cosacos de Rusia y

en una cafetería de Madrid estuvimos hablando con su coreógrafo Leonid Milovanov sobre Igor Moiseyev y nos explicó por qué su labor artística fue tan importante:

Igor Moiseyev fue la primera persona que llevó el arte popular al marco de danza profesional y gracias a él, ahora la danza popular está al mismo nivel que la clásica y la moderna. Los coreógrafos hacemos los arreglos comprendiendo lo esencial de sus enseñanzas, buscando transmitir la esencia de los pueblos que representamos y añadiendo nuestra propia visión. ¡Qué Dios ayude a todos los coreógrafos a entender cómo trabajar con el folclore para que el fino hilo del carácter del pueblo quede visible!

Hay que entender que en un escenario no resulta interesante ver folclore en forma pura, para ello hay que adaptarlo; pensar en los pasos, el argumento, los personajes… Por ejemplo, el bailarín Kosogorov de la compañía de Moiseyev en su danza Kadril (una danza popular decimonónica) hacía un característico gesto con la mano y tras ello la danza envolvía… Nada más salir al escenario y hacer este gesto el público se llenaba de emoción y pensaba: ¡Qué bonito! ¡Qué modales, vaya espíritu! Y qué difícil hacerlo profesionalmente…

En efecto, no se trata de una tarea fácil ya que el academismo tiene que estar presente en cada movimiento. Importa cada detalle: levantar la pierna con un ángulo preciso, colocar exactamente el talón, estirar la punta y las rodillas… todo está por encima de las capacidades habituales de las personas, solo puede hacerlo un profesional. Además, yo siempre he defendido que es vital que cualquier bailarín profesional posea una muy buena base clásica. Si el bailarín tiene la postura perfecta, cómo pone atrás los hombros o cómo baja el tórax, enseguida hará que se vea que es profesional. Sin esto el baile carece de interés.

Moiseyev unió la escuela clásica con la danza folclórica y creó su propia escuela, recibiendo seguidamente un gran reconocimiento nacional e internacional. La selección de artistas para entrar en su compañía era durísima a no ser que se tuviera alguna virtud muy especial, como dar saltos muy altos, retenerse en el aire saltando o dar rápidos giros. Había que tener una “guinda”, el artista tenía que sorprender a Moiseyev. Todos sus artistas eran joyas y sorprendían con su personalidad. Los Cosacos no tienen tanta pretenciosidad.

Creó una escuela con un academismo, una perfección de los movimientos, y un sincronismo difícil de superar; todos levantan la cabeza igual, todos miran al mismo lado y mientras tanto el solista representa una individualidad.

Moiseyev es como una enciclopedia, un genio, es el comienzo de una escuela de coreógrafos y bailarines a los que enseñó cómo conseguir resultados y cómo trabajar con los artistas. Y por su gran profesionalidad y vocación es el ejemplo a seguir de todos y cada uno de ellos.

Entrevista con Leonid Milovanov, coreógrafo de Cosacos de Rusia con Tatiana Solovieva

Productora y representante oficial de la

Unión de Artistas de Rusia en España

¡¡Apúntate a nuestra Newsletter!!. Tenemos muchas novedades de la giras, artistas, directores y compañías.   ¡¡ Y MUCHOS DESCUENTOS Y SORTEOS!!