¿Cómo nació el ballet El Lago de los Cisnes?

compositor El Lago de los Cisnes

Chaikovskiy compuso El Lago de los Cisnes

En 1877, en el Teatro Bolshoi de Moscú fue representado por primera vez este ballet que hoy en día es mundialmente conocido. La idea de crear El Lago de los Cisnes pertenecía a la dirección de los Teatros Imperiales de Moscú. El libreto lo prepararon V. Bergichev (dramaturgo y gerente de los Teatros Imperiales) y V. Helzer (bailarín y profesor). Vasiliy Bergichev invitó a P. Tchaikovskiy a componer la música. Chaikovskiy la compuso para El Lago de los Cisnes en 1875-1876.

La base del argumento no está muy clara, pero sus huellas pueden seguirse desde una antigua leyenda alemana, hasta obras posteriores como el cuento del escritor alemán Johann Musäus “El velo robado”, “Ondina” de Friedrich Fouqué en traducción al ruso de V. Zhukovskiy, “Metamorfosis” de Ovidio, cuentos de los Hermanos Grimm o la ópera de Daniel Auber “El lago de las hadas”.

Antes de recibir el encargo de la Dirección de los Teatros Imperiales, en 1871 Tchaikovskiy había compuesto un pequeño ballet para los hijos de sus familiares titulado “El lago de los cisnes”.

Tchaikovskiy quería huir de “lo que era habitual en los ballets”.

Tchaikovskiy a menudo componía la música por encargo. Aceptó componer este ballet “por un lado por el dinero, pero por otro lado porque hace tiempo quería probarse en este género” (escribió Tchaikovskiy a Rimskiy-Korsakov en septiembre de 1875). Para ello, utilizó parcialmente su partitura de la ópera Ondina que el mismo destruyó. Tchaikovskiy utilizó para la música del ballet ritmos cómodos para bailar, pero en el lugar de las típicas melodías sencillas que se utilizaban anteriormente para el ballet, llenó la partitura de sinfonismo, melodías amplias llenas de lirismo y formas más poéticas. Lo que quería era huir de “lo que era habitual en los ballets”.

Las primeras 2 versiones se consideran fallidas. Solo la tercera, que rompió con los cánones del ballet considerado académico, consiguió pasar a la fama. Pero lamentablemente, Tchaikovskiy no vivió hasta ver el éxito de su obra.

La primera versión fue estrenada en el Teatro Bolshoi de Moscú el 20 de febrero 1877, con la coreografía de V. Reizinger (coreógrafo checo que trabajaba en los Teatros Imperiales de Moscú desde 1871), pero tuvo muy mala crítica. Además, estaban las curiosas historias de las divas: la prima bailarina del Bolshoi, Anna Sobeschanskaya, fue elegida como solista principal, pero discutió con la dirección y en su lugar tuvieron que proponer a otra bailarina, Polina Karpakova. La razón de la discusión fue que Tchaikovskiy no compuso para ella nada de música en el III Acto como solista y bailaría solo papel de una de las novias. Sobeschanskaya se fue a San Petersburgo y pidió al conocido coreógrafo Marius Petipá (de origen francés, pero que desarrollo casi toda su obra en Rusia) preparar para ella la coreografía de un solo con la música de Minkus.

Castillo de los cisnes lo mandó a construir el rey Luis II de Baviera en 1869, Neuschwanstein

Tchaikovskiy se negó a introducir fragmentos de otro compositor.

Tchaikovskiy se negó rotundamente a introducir en su partitura fragmentos de otro compositor y le compuso para la coreografía ya preparada una nueva música adaptada a la misma. A la bailarina le gustó tanto la nueva música, que le pidió componer una variación más. Lo más curioso es que ella consideraba esta música como si fuera de su “propiedad”, por eso en las funciones donde bailaba Karpakova estas danzas no se interpretaban.

Posteriormente especialmente para Polina Karpakova, Chaikovskiy compuso la danza rusa. Más tarde, para Sobeschanskaya, Tchaikovskiy compuso la música para el paso a dos de Sigfrido y Odile (el famoso paso a dos del cisne negro del III Acto). Solo después de esto Tchaikovskiy y la prima bailarina hicieron las paces definitivamente. Al final, las dos bailarinas principales se turnaban, pero en los fragmentos de solos cada una tenía los suyos y la orquesta tenía que estar atenta para escoger las partituras adecuadas.

A Tchaikovskiy no le gustó nada el espectáculo. Él decía: “Pura porquería, no puedo pensar en esto sin sentir vergüenza”. Criticaba la ausencia de imaginación creativa en la coreografía, un decorado poco lujoso comparado con las producciones de las óperas, la dirección de orquesta era propia de un músico que nunca hubiera tenido contacto con una partitura complicada… Después de 27 representaciones del Lago de los Cisnes, el espectáculo fue quitado del repertorio.

La segunda versión del ballet fue estrenada en 1882, parcialmente redactada por Yosef Hansen (coreógrafo belga), y tampoco tuvo éxito.

La coreografía para los Cisnes Blancos de Lev Ivanov lleva el espectáculo al triunfo

El 6 de noviembre (25 de octubre) de 1893, fallecía Piotr Ilich Tchaikovskiy. Como homenaje al gran compositor ruso, en San Petersburgo decidieron poner en escena las mejores obras de su legado. El ya citado Petipá, que conocía la mala suerte que tuvo El Lago de los Cisnes en Moscú, se negó rotundamente a participar en la restauración de este ballet y la coreografía fue encargada a Lev Ivanov.

Ivanov quitó lo típico y desgastado de las tradiciones de ballet de Moscú, cómo pantomima, exceso de las danzas de carácter, reformó las posiciones de pies y brazos, quitó las alas postizas a las bailarinas e hizo que los movimientos de los brazos fueran parecidos al movimiento de las alas, dando a la obra una estética romántica, que era lo que estaba a la vanguardia de la cultura de aquel momento histórico.

Así, en 1894, por primera vez vio el escenario el cuadro de los cisnes blancos (II Acto) con la coreografía de Lev Ivanov, y es a personalmente a quien El Lago de los Cisnes debe la fama, llegando hasta la actualidad esta coreografía como la más famosa de todo el ballet clásico.

El gran éxito llegó con Marius Petipá y Lev Ivanov.

El gran éxito llegó en el estreno de 15 de enero de 1895 en el Mariinskiy Teatro de San Petersburgo. Para ese memorable estreno, el coreógrafo Marius Petipá reformó el libreto y la coreografía del I y III Acto (menos las danzas napolitana y húngara). Lev Ivanov hizo la coreografía del II y IV Acto, y las danzas napolitana y húngara del III Acto. Así, la versión de Petipá – Ivanov se convirtió en la clásica, siendo la base de la mayoría de las producciones posteriores.

Posteriormente, a lo largo del siglo XX y hasta el día de hoy, han aparecido muchísimas versiones, con finales positivos o trágicos, clásicas, neoclásicas, modernas, películas y dibujos animados, ballets acrobáticos o sobre hielo… Sin duda, como los grandes clásicos de la cultura universal, El Lago de los Cisnes seguirá siendo en el futuro fuente inagotable de belleza.

Escrito por Tatiana Solovieva.

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