La embajada del arte ruso Igor Moiseyev – Revista Diplomacia Siglo XXI

La embajada del arte ruso, el Ballet de Igor Moiseyev, regresa a España

El mundialmente conocido Ballet de Igor Moiseyev, vuelve a España por quinta vez, la última hace más de 20 años, con seis exclusivas actuaciones en los mejores escenarios de la Península, colocándolos al mismo nivel que los grandes de Paris, Nueva York, Londres, Berlín, Washington o Moscú. La ocasión es única y todos aquellos enamorados del arte y la danza no pueden perder la oportunidad.

La Compañía rusa presentará en España, entre los próximos 24 de noviembre y 4 de diciembre, su espectáculo “Danzas de los Pueblos del Mundo” que llevará al espectador por un viaje artístico y festivo a través de los pueblos de los cinco continentes gracias a su habilidad insuperable.

El protagonista de este singular acontecimiento es la que sin duda es la Compañía teatral de danza más importante del mundo: Igor Moiseyev Ballet.

Arte, pueblo y diplomacia: Una Compañía histórica

El Conjunto Académico Estatal de Danza Popular con el nombre de Igor Moiseyev fue creado en 1937. Simbólicamente, se considera la fecha del 10 de febrero, el día del primer ensayo en la Casa del Maestro. Moiseyev recurrió en primer lugara la música de compositores clásicos como N. Rimsky-Korsakov, A. Borodin, M. Glinka, M. Mussorgsky.

Desde 1940, la base de ensayos de la Compañía se instaló en la Sala de Conciertos Tchaikovsky, donde continúa hasta el día de hoy. El primer concierto se celebró el 29 de agosto de 1937, en el teatro Hermitage de Moscú.

Según muchos de los estudiosos, la Compañía fue creada con la ayuda de Molotov. Pero el propio Igor Moiseyev lo negó: “Esto es un error. Molotov no ofreció el apoyo. El presidente del Comité de las Artes, Platon Kerzhentsev, un hombre educado y con iniciativa, fue el que brindó su apoyo. Sabía de mí y que en la Compañía de ballet había reunido un equipo para la producción de piezas etnográficas, pero se me prohibió organizarlo, diciendo que iba a convertir el Bolshoi, teatro principal del país, en una cervecería”. Luego Kerzhentsev aconsejó que escribiera una propuesta a Molotov para organizar un Conjunto de Danza Popular. Kerzhentsev comentó al maestro: “Molotov me llamará, responderé por Vd y le explicaré que Vd puede hacer la tarea“. Y así la resolución fue recibida por el Presidente del Comité.

Moiseyev con sus artistas se fueron de expediciones folclóricas por todo el país, buscaron danzas desaparecidas, canciones olvidadas, ritos evasivos. No había lugar para ensayar ya que a nadie le gustaba aquella “multitud ruidosa”. La gente no tenía idea de que pronto esos bailarines mal vestidos se convertirían en los artistas favoritos de Stalin, que dio orden de que se les instalara una residencia en los pasillos de un teatro en construcción, la ya citada Sala de Conciertos Tchaikovsky. Pero no tuvieron tiempo de echar raíces: estalló la guerra y un vagón de segunda clase se convirtió en el hogar de la Compañía. Se acostumbraron a ser nómadas. Justo después de la victoria, los bailes de la Compañía de Moiseev enamoraban a una Europa en ruinas. Para su país natal, Moiseyev hizo casi más que el personal diplomático y el gobierno.

Por todo ello, el Conjunto Académico Estatal de Danza Popular lleva el nombre de su fundador, Igor Moiseyev porque fue el primer colectivo coreográfico profesional del mundo dedicado a la interpretación artística y la expansión de la danza folclórica de los pueblos del mundo.

En los primeros años del ballet fueron acompañados por un grupo de instrumentos populares bajo la dirección de E. Avksentyev. A finales de la década de 1940, se creó una pequeña orquesta sinfónica con la ayuda de instrumentos folclóricos, cuyo impulso principal se le debe al director S. Galperin. Hoy, los conciertos del conjunto están acompañados por una orquesta compuesta por 35 personas. Sus directores, Evgeny Avksentiev, Samson Galperin, Nikolai Nekrasov, Anatoly Goose o el músico Vladimir Zhmykhov hicieron arreglos originales a las melodías populares a lo largo de estas ocho décadas.

 

En 1943, en plena Gran Guerra Patriótica, Moiseyev fundó la Escuela Académica de Danzas Populares. Sabía que necesitaba una escuela que proporcionara a la Compañía personal altamente profesional. Desde entonces, sus graduados se convirtieron en el núcleo del equipo, muchos de ellos llegaron a ser maestros de la compañía, y esta conexión creativa nunca se interrumpió.

La escuela participó en festivales y concursos de baile, impartieron clases magistrales, talleres creativos y realizaron giras en Italia, Brasil, Japón, China, Portugal y muchos otros países y ha recibido un alto reconocimiento no solo entre el público, sino también entre los profesionales. La escuela fue galardonada con una medalla de oro en los Campeonatos Mundiales de Artes Escénicas (EE.UU.).

Ser estudiante de la Academia de Danza Moiseyev es un gran honor y responsabilidad, que se respeta en todo el mundo. Los graduados de la escuela son profesionales con formación universal: clásica, folclórica, histórica, danza de dueto, danza de jazz, gimnasia, acrobacia, actuación, tocar el piano e instrumentos musicales folclóricos, historia de la música, historia del teatro, ballet, arte… formando bailarines bien entrenados no solo para el ballet de Igor Moiseyev, sino también para otras compañías profesionales. La admisión en la Academia de Danza Moiseyev se lleva a cabo una vez cada cinco años. Tienen que ser niños superdotados de 13 a 14 años que se han graduado en la escuela secundaria. En su último año, los estudiantes realizan prácticas de posgrado en la Compañía.

 

Desde 1938 hasta nuestros días, el Ballet de Igor Moiseyev ha estado continuamente de gira por Rusia y el extranjero. Por un número récord de giras, el conjunto figura en el Libro de Récords Guinness de Rusia. Desde la primera gira en el extranjero (Finlandia, 1945), el conjunto Igor Moiseyev ha sido el embajador ruso del mundo entero: fue el primero en establecer relaciones culturales de Rusia con los siguientes países:

1942 – Mongolia; 1945-Finlandia, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia;

1954 – China; 1955-Gran Bretaña, Francia; 1957 – Egipto;

1958 – Estados Unidos, Canadá; 1959 – Japón; 1966 – España;

1968 – Australia, Nueva Zelanda….

Ha sido la primera y única Compañía profesional de danza folclórica que actuó en el escenario de la Gran Ópera de París (1966) y en La Scala de Milán (1966).

El Ballet de Igor Moiseyev es, sin duda, la compañía que más kilómetros ha hecho alrededor del planeta. Sus representaciones en los mejores teatros del mundo han sido innumerables durante estos 82 años, habiendo actuado en más de 70 países.

En España actuó en 1966, 1973, 1982, 1997 en grandes escenarios como la Plaza de Todos de las Ventas y el Palacio de los Deportes. Moiseyev creó tres coreografías españolas, de las cuales La Jota Aragonesa con música de M. Glinka, es una de las más representadas en el mundo y se podrá verla en la próxima gira del Ballet en España.

 

A lo largo de la dilatada y rica historia de la existencia del colectivo y gracias a los continuos esfuerzos de Igor Moiseyev y sus artistas, la riqueza de la danza folclórica ha sido preservada y comprendida creativamente.

En la actualidad, el Conjunto Académico Estatal de Danza Popular Igor Moiseyev continúa desarrollando y enriqueciendo el método creativo de interpretación del folclore, promoviendo sus técnicas y principios en sus actuaciones en los mejores escenarios.

El maestro Igor Moiseyev describió la danza popular escénica como “un retrato plástico de la gente”, “una poesía silenciosa” y “una canción visible”; definiendo la danza popular como la coreografía de la Nación. En cada escena de sus espectáculos los artistas rusos hacen sentir al espectador como si visitase una galería de arte con una colección de cuadros única. Cada pieza del ballet está llena de imágenes vivas que brillan con colores y enriquecen el alma.

Actualmente dirige el Ballet de Igor Moiseyev su ex alumna y en el pasado solista principal de la Compañía, Artista de Honor del Pueblo de Rusia y ganadora del Premio Estatal de la Federación Rusa, Elena Shcherbakova.

Hoy día, el Ballet de Igor Moiseyev, habiendo conservado por completo todo su patrimonio, continúa deleitando a los espectadores de todo el mundo en su increíble 83 temporada.

Moiseyev, el artista patriota que quiso ser útil a su país

Igor Moiseyev nació en 1906 en el Imperio Ruso de los Romanov. Es, sin duda, el coreógrafo más grande del siglo XX, quien ha cambiado el curso del desarrollo de este arte a nivel mundial haciendo de la danza popular patrimonio universal. Moiseyev es el creador de un nuevo género de arte escénico: la Danza Popular Escénica, y un nuevo modelo de compañía profesional la Compañía de Danza Popular, con un nuevo método artístico de interpretación escénica para el folclore, cuyo objetivo es desarrollarlo y enriquecerlo con la ayuda de artistas profesionales.

La vida y el destino de Igor Moiseyev es un ejemplo excepcional de servicio a su causa favorita. Ya en la juventud, Igor Moiseyev estaba fascinado por el arte popular. Desde entonces, todos sus pensamientos y aspiraciones estuvieron subordinados a un único propósito: preservar, desarrollar, enriquecer el folclore con conocimientos profesionales y hacerlo patrimonio de la cultura mundial.

Cuando era adolescente, por la insistencia de su padre “para que no anduviera por las calles”, comenzó a estudiar en la escuela de ballet de la famosa actriz Vera Mosolova, quien personalmente formó a un talentoso Moiseyev. Después de graduarse, se integró en la plantilla de artistas del Teatro Bolshoi.

Hizo los papeles principales en los ballets con coreografía de Kasián Goleyzovskiy (coreógrafo experimental que fue una figura influyente en la creación de George Balanchine) Joseph Hermoso (1925) y Teolinda, con coreografía de Alexandr Gorsky El Corsario y  Salambo, y Futbolista (el ballet que I. Moiseyev creó juntos con L. Lashchilin).

Durante la década de 1920 y principios de la década de 1930, Moiseyev formó parte de la vanguardia que exploraba nuevas formas de baile antes de ser abroncado por la ortodoxia del realismo socialista. Asistió al salón literario de Anatoly Lunacharksy, buen conocedor del ballet quien, como ministro, había invitado a Isadora Duncan a montar su escuela en Moscú. Estudió a fondo los métodos teatrales de Stanislavskiy,  Vakhtangov, Meyerkhold, Taguirov. En la década de 1930, en plena era soviética, Moiseyev dirigió desfiles acrobáticos en la Plaza Roja, dirigió espectáculos en el teatro armenio de Rubén Simonov, impartió lecciones en el Teatro del Arte, fue profesor de la Escuela de Ballet de Moscú y dirigió la sección de coreografía en el Teatro de la Creatividad Popular (1936).

 

Pronto empezó su propia experimentación coreográfica. La carrera de Igor Moiseyev es un caso sin precedentes en la historia del teatro Bolshoi: se convirtió en coreógrafo con 24 años. Creó varios ballets para el Bolshoi, entre ellos El futbolista (1930), con música V. Oransky, junto con L. Zhukov y L. Lashchilin, mostrando un don para la sátira humorística, La Fille mal gardé, junto con A. Messerer (1930), Salambo (1932), Tres hombres gordos (1935) y Espartaco con música de A. Khachaturián (1958). También coreografió varias danzas para las óperas Zagmug (1930), Turandot (1931), Demonio (1932), Amor a las tres naranjas (1933), Carmen (1933)

Como ya hemos expuesto anteriormente, poco después creó la primera Compañía profesional del mundo de danza popular escénica, y la primera escuela profesional de danzas populares escénicas. Moiseyev tomó como inspiración los bailes nacionales de todo el mundo para construir nuevos esquemas de danza, fusionando el arte con los sentimientos y culturas de las naciones, lo que en tiempos de la Guerra Fría le convirtió en uno de los grandes embajadores culturales de la Unión Soviética, ayudando a que el público tuviera una percepción muy distinta de la creada en el imaginario popular sobre la URSS.

En 1939, después de disgustar a las autoridades con sus actitudes modernistas y su participación en una protesta organizada contra la sofocación de la creatividad, Moiseyev dejó el Bolshoi. Ya estaba dedicándose de lleno a su compañía. Durante sus viajes etnográficos a pie y a caballo por el Cáucaso y los Urales, se convenció de que el baile popular necesitaba una nueva vida en el escenario. Mientras que la danza popular convencional es esencialmente una actividad participativa, más interesante de practicar que ver, él quería crear una forma teatral para la danza popular que encontrara su lugar natural ante una audiencia.

 

En palabras suyas:

“En mis inicios me formé en la escuela de ballet Bolshoi donde la educación estaba basada en una gran variedad de estilos dentro del ballet. Pero mi pasión y lo que esperaba de mí era crear un nuevo estilo de danza diferente al ballet clásico.Tenía que crear una Compañía que tuviese otra naturaleza. El primer paso sería enseñar a los bailarines los conceptos de la danza popular, que incluye movimientos desconocidos en el ballet clásico y enseñarles a transformarse con los estilos nacionales.  Después llegaría el momento de hacerles sentir a los bailarines cada uno de los estilos de la danza popular: eslavo, oriental, caucásico… Dichos estilos son diferentes entre ellos, ya sea por coordinación, tradición o ritmos. La danza es un idioma. Aprendí a captar el colorido de la danza popular con la ayuda de la fantasía e imaginación artística. Quería transmitir con los sentimientos del folclore: las escenas de la vida y de la historia junto con los retratos de las personas. Extrayendo del folclore la temática, los géneros, los estilos, y todo lo que representaba el arte popular, me ayudaría a encontrar otra forma de presencia escénica – imágenes vivas de la cultura tradicional.”

Moiseyev no era un director implicado políticamente (algo fuera de lo común en la época): “En el trabajo me basé principalmente en mí y en mis artistas, sin depender nunca de la política. Ya en aquellos tiempos, cuando me negaba a unirme a los comunistas, por quienes fui invitado dieciocho veces, decidimos no ser partidistas, pero sí útiles para el país“. Sabía “que los gobiernos vienen y van, y en cualquier clima político ellos deben hacer su trabajo“. Y la Compañía hizo su trabajo con una dedicación completa. Los cambios frecuentes de clima y zonas horarias no preocuparon a nadie: el entusiasmo atravesaba todas las barreras. “Resultó – confesó Moiseyev -. He creado un equipo que encaja perfectamente con el programa de la fiesta, que dice que el arte pertenece al pueblo, que el pueblo crea el arte“.

Durante la Gran Guerra Patriótica, Igor Moiseyev pidió actuar en el frente, pero se le negó: era imposible bailar en las trincheras. Luego encontró dos vehículos y los artistas fueron a los Urales para actuar en fábricas militares y para los heridos en los hospitales. La gira duró 19 meses.

La visión de Moiseyev se encontró con la oposición de los puristas etnográficos que criticaron sus modificaciones de danzas auténticas. Pero Moiseyev perseveró, logrando mantener a su Compañía en la Segunda Guerra Mundial, recorriendo y recolectando material. Durante esos años, la Compañía a menudo viajaba a lo largo de senderos de montaña a caballo, por lo que a veces los bailarines se dedicaban a la equitación tanto como a cualquier otra cosa. Actuaron en claros de bosques, en las cubiertas de buques de guerra, en camiones amarrados para formar un escenario. De ese período surgió una de las piezas distintivas de la Compañía: Los Partisanos, tanto un homenaje a la valentía de los guerrilleros soviéticos como una exhibición de bravura en la que los artistas se mueven como a caballo.

Después de la guerra, Moiseyev gradualmente amplió su repertorio para incluir bailes de otros países, como Mongolia, Yugoslavia, Corea, China, a menudo como un homenaje cuando actuaban en esos países. En 1955, la Compañía actuó en París, era el primer conjunto soviético en aparecer en Occidente después de la guerra obteniendo un enorme éxito. En 1957, llegaron a Londres, y en 1958, contando con 100 bailarines, hicieron su debut en el Metropolitan Opera House de Nueva York, como primer conjunto soviético importante que actuaba en los Estados Unidos.

Cuanto más viajaban, más abrazaban otras danzas folclóricas nacionales: desde Sicilia hasta Argentina y Cuba. En 1971, El Conjunto pasó a tener la denominación de Ballet y se incluyo en repertorio extractos de obras del siglo XIX en versión coreográfica del maestro, por ejemplo, de las Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor con música de A. Borodin, La Noche en el Monte Pelado con música de M. Musorgsky, y varios ballets dramáticos.

La colección de bailes siguió creciendo: italiano, español, argentino, chino, mexicano. “En todos los países hemos dominado la coreografía local – escribe la actual directora artística Elena Shcherbakova-. En Venezuela, Igor Alexandrivich llamó a las chicas de tamaño menudo (las venezolanas son pequeñas) para aprender su baile popular. Cuando regresamos a Moscú. Moiseyev convocó a un ensayo a todos los artistas más incondicionales, y dijo: “Liliputienses, libres”. Y puso el baile Horopa para ser ejecutado con las piernas largas y altas de nuestros bailarines, muy diferente al de los sudamericanos. Los venezolanos estaban encantados, y Hugo Chávez estaba sinceramente sorprendido con la posible belleza de su pueblo”. El método mágico del verdadero reformador radica en el hecho, que conjura con los movimientos populares y crea obras maestras de las fuentes primarias nacionales. En Argentina nadie tenía dudas de que los pastores bailaban exactamente como el “Gaucho” de Moiseyev. Su “Bulba” es considerado un baile nativo en Bielorrusia, así como los italianos reconocieron la “Tarantella“, los griegos “Sirtaki, los españoles la “Jota Aragonesa” y los ucranianos el “Gopak“. Inaugurando las relaciones diplomáticas con China en 1954, en la plaza Tiananmen fue interpretada la coreografía de Igor Moiseyev La Danza con las Cintas. El público se quedó impresionado por la perfección de esta danza creada por un extranjero y confesaron que los rusos bailan mejor danza china que los chinos.  Este fue objetivo de Igor Moiseyev con todas las culturas. En 1991, colaborando con el compositor Mikis Theodorakis, Moiseyev organizó un conjunto de danzas griegas; y en 1994 (con 88 años) un conjunto de danzas judías.

 

Igor Moiseyev se veía a sí mismo como un retratista coreográfico de las naciones. “Trato de entender una nación no solo a través de sus bailes, sino también de su música, historia, tradiciones y costumbres“, dijo. “Y después de esto, trato de usar mis propias habilidades para enfatizar detalles específicos que ayudan a reflejar el carácter de la nación de forma cada vez más viva“. Por ello fue nombrado Artista del Pueblo de la URSS en 1953.

 

Como gran patriota de su país, Igor Moiseyev, es reconocido como un enviado de paz, de bondad y justicia. Un entusiasta apasionado y un artista desinteresado. Igor Moiseyev compartió generosamente con millones de personas su talento, conocimiento, amor por la danza y su gran principio: dar sin pensar en contraprestaciones. La nobleza y el humanismo de la misión cultural mundial de Igor Moiseyev han sido inestimables e impagables.

Como rasgos más intimistas, sabemos que recibía en su casa amigos hasta que su estilo de vida cambió para volverse más reservado. Moiseyev dijo que era “la hora de la soledad intelectual”. Gustaba de jugar al billar con el gran Mayakovsky, aunque de todos los juegos, prefería el ajedrez.

Por la contribución única al desarrollo de la cultura mundial, Igor Moiseyev fue condecorado con órdenes, medallas y títulos honoríficos de decenas de países. La ya citado título Artista Nacional de la Unión Soviética en 1953, Héroe del Trabajo Socialista en 1976, Premio Lenin en 1967, Premio del Estado Soviético en cuatro ocasiones -1942, 1947, 1952, 1985-, Premio de la Federación Rusa en 1996, además de otros muchos premios y condecoraciones en la Unión Soviética. Finalmente, le fue concedido el mayor honor civil de Rusia por sus servicios a la Nación de manos del presidente Vladimir Putin en 2006. Desde 2015 su Ballet forma parte del Patrimonio Cultural de la Federación Rusa.

Igualmente, Igor Moiseyev fue galardonado en decenas de países con múltiples premios internacionales en el campo de la coreografía, fue miembro honorario de varias Academias y su trayectoria fue reconocida por importantes organismos internacionales como la UNESCO. Con motivo del 50 aniversario de la fundación, el conjunto recibió la Orden de la Amistad de los Pueblos (1987) y del 75 aniversario La Medalla de Cinco Continentes (2011).

En España, le fue concedida en 1996 la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, entregada por el entonces Rey de España, Juan Carlos I.

 

Moiseyev falleció en Moscú en noviembre de 2007 a la edad de 101 años.

 

Arte y mito: La leyenda Moiseyev

Igor Moiseyev fue el primero en la historia de la coreografía del siglo XX en hacer del baile popular un fenómeno que une a los pueblos de todos los países, independientemente de la religión, la cultura y los regímenes políticos. Donde quiera que vaya la Compañía creada por Moiseyev, promueve los folclores del mundo y los enriquece con técnicas de arte profesional, dándoles nueva vida con las normas estrictas del arte escénico. Por todo ello, es imposible exagerar la gran importancia de la obra de Igor Moiseyev: sus coreografías han entrado en la historia como pintoresca enciclopedia de la vida popular, conservando su sabor a través del tiempo.

Con formas escénicas esbeltas y líneas únicas marcadas por la nobleza y la claridad de la expresión artística, las obras de Igor Moiseyev son un clásico de la coreografía, comprensible para los espectadores de cualquier país o cultura. Siempre son modernas, llenas de personajes populares, de amor, alegría, humor, vida, en definitiva, de todo lo que siempre será valioso para una persona.

El repertorio del Ballet de Igor Moiseyev cuenta con cientas de obras generosamente llenas de imágenes impactantes, personajes brillantes, pinturas escénicas, contadas por la vida misma de los pueblos.

Este milagro, al que desde hace 82 años aplaude todo el mundo, no hubiera podido nacer si Moiseyev no hubiera dominado todas las sutilezas de la danza nacional, todos los métodos y técnicas de la coreografía profesional, del arte dramático y musical, que han servido de base a su singular método artístico para la interpretación escénica del folclore.

La Compañía está compuesta por bailarines-actores altamente profesionales que son capaces de un alto nivel de ejecución y de realizar tareas coreográficas complejas, que poseen la capacidad de transformar y dominar el arte de la danza en una imagen para expresar los caracteres nacionales.

Los principios artísticos principales del desarrollo del conjunto son la continuidad y la comprensión creativa de las tradiciones e innovaciones. La tarea principal que Igor Moiseyev planteó para los artistas de la primera plantilla de la Compañía fue el procesamiento creativo de los patrones folclóricos que entonces existían. Para ello, los artistas realizaron expediciones folclóricas por toda Rusia. En el repertorio del conjunto, los patrones folclóricos recibieron una nueva vida en el escenario, gracias a los cuales se conservaron para varias generaciones de espectadores de todo el mundo. Hoy, el desarrollo creativo del folclore sigue teniendo lugar durante las giras extranjeras.

Moiseyev es la culminación de una era, un género, un estilo que no tiene paralelo en todo el mundo. Fue capaz de negar las leyes del paso del tiempo por su activa longevidad, en la que su emocionante actividad no se detuvo ni un solo momento.

Su nombre fue incluido en el Libro Guinness de los Records por tres veces. Se reunió personal y repetidamente con Stalin, jugó al billar con Mayakovsky y Marlene Dietrich lo besó solo por ser él. Realizó más de trescientas obras y su Compañía se puede considerar como la iniciativa más pacífica del cruel siglo XX. Corrigió el curso de la historia y la vida de su país, convirtiéndose en uno de sus sellos más distintivo. Difícilmente es posible presentar a Rusia sin la Compañía de Igor Moiseyev.

Cuando docenas de bailarines ocupan el escenario y como un resorte se lanzan a un vuelo sincrónico, entonces el corazón se detiene, no solo por la habilidad de los artistas, sino porque sus danzas contienen el brillo soberano del poder del pueblo. “Estos rusos bailan como demonios“, han escrito los periódicos occidentales.

Moiseyev fue un hombre orgulloso y ambicioso que una vez dijo que el objetivo de su trabajo era “dar al público el retrato espiritual de un pueblo“. Para ese objetivo inventó la danza folclórica como un espectáculo teatral profesional, insistiendo en que tenía el derecho y el deber de cambiar el esfuerzo participativo a un idioma coreográfico serio, digno de estar al lado del ballet clásico y la danza moderna.

Cuando se lee el libro de Moiseyev “Recordando el recorrido de una vida“, podemos darnos cuenta de la profundidad de sus pensamientos. Dicen que solo cometió un error cuando dijo: “El conjunto no durará después de mí. La historia de un colectivo como el nuestro se mide por la vida de la persona que lo creó. No se puede heredar“. Por supuesto, al decir esto, era astuto, soñando con la existencia futura de su Compañía. Se dio cuenta de lo que era indispensable y, con la sabiduría de un vidente, construyó un sistema de trabajo durante muchos años: recogió a los herederos, los crio, los educó, identificó la actividad de cada uno, probando su fuerza.

Mientras pensaba en el futuro de la Compañía, nombró a altos cargos en los que confiaba. Les enseñó a trabajar. Hizo esto por adelantado con aquellos que lo sucederían. Fue hace veinte años cuando eligió a Elena Shcherbakova como directora, la ayudó y quedó muy orgulloso del resultado. De alguna manera logró encontrar a las personas adecuadas para la causa. Así pudo en sus últimos años estar como un patriarca que había descubierto la verdad. Su gran verdad: “Lo más importante en la vida es hacer lo que amas“.

Medio:  Revista Diplomacia Siglo XXI

Escrito por: Tatiana Solovieva

Página 46 a 52.

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