Alicia Alonso y las raíces rusas del ballet cubano

Escrito por Tatiana Solovieva.

Foto: Alicia Alonso e Igor Youskevitch.

El pasado 17 de octubre nos dejó una leyenda de la danza universal. Alicia Alonso era cubana de sangre española, porque aquí nacieron sus padres. Pasión española a lo que sumaba su gracia cubana y una técnica heredada de los legendarios bailarines rusos, que se refugiaron en los Estados Unidos tras las convulsiones de las primeras décadas del siglo XX.

Link video Alicia Alonso e Igor Youskevitch.:

La influencia de los artistas rusos en Alicia Alonso y el ballet cubano es evidente, en cambio, es poco desconocida para un lector que no esté muy introducido en el mundo de la danza. ¿Cómo llegó la influencia de la escuela rusa de ballet clásico a las Américas?

Los turbulentos acontecimientos históricos de los años 1914-1920 hicieron que muchos rusos con altísimo nivel cultural establecieran su residencia en los países lejanos a su Patria. Cuba fue uno de sus destinos. En Europa, la Primera Guerra Mundial causaba estragos en el ánimo de todos a lo que se sumaba la ausencia de escenarios por la guerra. En cambio, en Cuba la Primera Guerra Mundial provocó que el elevado precio del azúcar generara grandes beneficios a la aristocracia cubana y era muy rentable actuar allí. En 1918 se creó la Sociedad Pro-Arte Musical SPAM como organización benéfica que funcionaba gracias a las aportaciones de la “aristocracia de azúcar”, cuyo objetivo era promover la cultura musical mundial en la isla.

Los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev (1909-1929) revolucionaron el mundo artístico y crearon la potente marca Ballet Ruso. Con la muerte del empresario Serguei Diaghilev y la desintegración de la compañía aparecieron muchas nuevas compañías de ballet ruso en el occidente. Muchos bailarines rusos se establecieron en diferentes países y crearon sus pequeñas escuelas. Los años 1930 fue la época de apariciones de escuelas nacionales y a base de ellas de los ballets nacionales. El Ballet de Cuba como compañía de Alicia Alonso aparece en 1948 y el 1959 Fidel Castro la convierte en el Ballet Nacional de Cuba.

En Cuba, el primer antecedente en el siglo XX lo encontramos con las giras de la legendaria bailarina rusa Anna Pavlova, que fue el primer país de América Latina donde actuó la gran artista en 1915, repitiendo en 1917, 1918 y 1919. Sus giras fueron organizadas por un empresario ruso que vivía en Chicago, Maksim Rabinovich.

Foto: Cartel de la primera gira de la Compañía de Anna Pavlova, 1915.

El éxito del ballet ruso fue tal que así lo expresaba el crítico cubano Miguel González Gómez en el Heraldo de Cuba: “Paulova es una auténtica sensación, su arte de bailarina se combina en ella con un inusual talento de actriz, sus movimientos son elegantes y encantan con su ingenuidad, su rítmica posee la precisión matemática”. Luís Baralt en la revista Correo musical de La Habana escribiría: “El Ballet Ruso supera todas las artes plásticas conocidas en el mundo. Lo más importante en él es transmisión de los sentimientos libres y bellos. En este sentido la escuela rusa ha causado una auténtica revolución, que estremeció a los críticos de artes, y abrió nuevos caminos en el desarrollo de las artes”. Ante el estreno de La Bella Durmiente (1932) la revista “Pro-Arte Musical” publicó una amplia entrevista sobre los principios profesionales de Nikolay Yavorskiy preparada por el crítico Arturo Alfonso Roselló: “El Ballet Ruso goza de la fama mundial merecida porque posee un lenguaje expresivo propio. Ni la escuela francesa, ni la italiana llevan en sí ideas, argumentos y no influyen psicológicamente en el público, dedican más atención a la técnica. En el ballet ruso cada movimiento está lleno de símbolos expresivos con ideas transcendentales. El Ballet en América es técnico, mecánico, ni un movimiento de él se puede traducir al idioma del corazón, ese ballet no tiene alma”.

La siguiente compañía que pasó por Cuba en 1923 fue el Ballet Ruso de Pavey, que estaba dirigida por un exartista de la compañía de Anna Pavlova, Serge Ukrainsky, quien se convirtió pocos meses después en director del ballet de la Ópera de Chicago.

Pero la explosión del interés en Cuba hacía el ballet ruso se produjo a principios de los años 1930 cuando actuó La Opera Privada Rusa de Paris de Coronel Basil (pseudónimo de Vasiliy Voskresensky, quien fue oficial del ejército ruso y después de la Primera Guerra Mundial se convirtió en empresario teatral y dirigió Los Ballets Rusos 1921-1925, Ballet de la Ópera Privada de Paris 1925-1931, Ballet Ruso de Monte-Carlo 1932-1936, Ballet Ruso de Coronel Basil 1935-1939, Ballet Ruso de Covent Garden 1938-1939, Original Ballet Ruso 1939-1952).

Foto: Leonid Massine (Miasin) y Coronel Basil (Vasiliy Voskresensky), años 1930

Con esta compañía llegó a Cuba cómo solista Nikolay Yavorsky (1892-1947), un personaje fundamental, pues se acabaría convirtiendo en el creador de la escuela de ballet de Cuba. La gran depresión en los EEUU golpeó económicamente a Cuba y los aristócratas cubanos no podían seguir manteniendo la Sociedad Pro-Arte Musical (SPAM). Para salvarla decidieron hacer cursos de ballet de pago. Cómo profesor invitaron a Nikolay Yavorsky quien estaba por casualidad en Cuba y sin trabajo.

Foto: Nikolay Yavorsky.

Yavorsky había nacido en Odessa, donde mientras estudiaba en la Universidad Politécnica tomó clases de ballet. En la Primera Guerra Mundial fue oficial de artillería y tras su fin llegó a Belgrado, donde trabajó en el Ballet del Teatro Nacional, que desde 1922 dirigía la ex solista del Mariinskiy Ballet de San Petersburgo y de los Ballet Rusos de Diaghilev, Elena Poliakova. En 1929 le invitaron como solista a la Opera Privada Rusa de París. Con esta compañía haciendo giras por América Latina, Yavorsky llegó a Cuba. La crisis hizo que la compañía se disolviera en Méjico en la primavera de 1930, y al quedarse sin los medios para vivir, sin la posibilidad de volver por lo menos a Europa o a los EEUU, solo pudo comprar un billete en el barco a La Habana.  Justo, en ese momento, estaban intentando crear la escuela de ballet de la SPAM.

Yavorsky fue profesor en esta escuela durante toda la década de los años 30 y entre sus alumnas estaba Alicia Alonso. La primera actuación de los alumnos de la escuela fue el 29 de diciembre de 1931, entre ellos estaban Cuca Martínez (la hermana mayor de Alicia Alonso), Delfina Pérez Gurri, Dinora Argudin y por primera vez salió al escenario en el Vals de La Bella Durmiente la pequeña Alicia Martínez (Alonso, que tenía 10 años). El crítico José Valdés Rodríguez escribió en “El Mundo”: “El trabajo realizado por Yavorsky merece las mejores y sinceras alabanzas. Poner en escena un auténtico ballet y preparar a los bailarines casi profesionales en solo cuatro meses – es un trabajo titánico, que es capaz de realizar solo un gran artista”. Por el éxito, Yavorskiy fue felicitado hasta por el director de la Metropolitan Opera de Nueva York – Alexander Sanin (…también ruso).

Foto: Alicia Martínez (Alonso) Escuela SPAM, años 1930.

El 26 de octubre de 1932 la escuela de Yavorsky estrenó el ballet La Bella Durmiente en versión completa aunque adaptada a las posibilidades técnicas de sus alumnos. El papel de princesa Aurora interpretaba la favorita del maestro – Delfina Pérez, y el solo de Pájaro Azul lo bailó Alicia Martínez (Alicia Alonso), ya con 11 años de edad. Esta función fue importante para el futuro del ballet cubano: la vieron los hermanos Alberto y Fernando Alonso, y se interesaron por los estudios de ballet. El mayor de los hermanos, Alberto, se apuntó a la escuela.

En el siguiente programa preparado con los alumnos y presentado en el Auditorium el 5 de noviembre de 1933, la crítica destacó la actuación de Alicia Martínez (Alonso) en el ballet “Circo”. La foto de Alicia en esta coreografía es una de las primeras fotografías de la futura estrella.

Foto: Alicia Martínez (Alonso) 1934 “Circo”

Poco después, en 1934 actuó entre los alumnos de Yavorsky Alberto Alonso cómo guerrero en Las Danzas Polovtsianas.

En 1935, Yavorsky recomendó al coronel Basil, que en ese momento dirigía Los Ballets Rusos de Montecarlo, a su alumna Delfina Pérez Gurri y un año después a Alberto Alonso. Así, dos de los alumnos cubanos de Yavorsky empezaron a trabajar con los Ballet Rusos de Montecarlo, donde estuvieron durante años. Alberto Alonso trabajó en la compañía de Coronel Basil durante 5 años, 1936-1941, esto le permitió adquirir muy buena preparación y experiencia para poder posteriormente encargarse de la dirección de la escuela de SPAM. El camino de los primeros cubanos en Los Ballets Rusos abrió puertas a los siguientes: Aníbal Navarro y Luis Trapagui (quien, siguiendo la tradición de la compañía se puso el  seudónimo ruso Igor Trofimov). Las mujeres de Alonso y Trapagui, también bailarinas de Original Ballet Ruso, Alexandra Denisova (cuyo nombre real fue Patricia Déniz) e Irina Lavrova (Varlen Tvidi) posteriormente también fueron profesoras de la escuela SPAM.

En 1937, Yavorsky presentó en La Habana El Lago de los Cisnes, donde el papel principal lo hizo Alicia Alonso. Después del estreno, la revista Carteles le otorgó a la bailarina el título de prima bailarina assoluta.

En 1939, Yavorsky abandonó la escuela SPAM y creo su propia compañía en la Habana hasta que en 1941 le invitaron a ser profesor en la recién creada escuela de ballet de Santiago de Cuba. Cuentan que por la Escuela de SPAM en la época de Yavorskiy pasaron más de 1.500 alumnos.

Foto: Nikolay Yavorskiy con los alumnos de la escuela SPAM, 1935

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Alicia Alonso, que había comenzado sus estudios en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical en 1931, a partir de 1939 empezó formar parte de varias compañías de los Estados Unidos (American Ballet Caravan, antecedente del actual New York City Ballet, Ballet Theatre of New York (hoy American Ballet Theatre). Allí cimentó su fama como intérprete trabajando al lado de figuras de ballet ruso como Mijail Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, entre otros. Sus parejas eran múltiples, pero con los que más bailó en aquella época eran los bailarines rusos y sobre todo con Igor Youskevitch

Foto: Alicia Alonso_Igor Youskevitch.

También bailó durante ocho años con Azari Plisetsky, hermano de la legendaria Maya Plisetskaya.

Foto: Alicia Alonso y Azari Plisetsky en el Teatro Campos Elíseos de Paris.

La fama internacional le llegó el 2 de noviembre de 1943 en Nueva York, cuando (por la sustitución urgente de la estrella rusa Alicia Markova, quien no pudo bailar), Alicia Alonso mostró la perfección técnica unida a su gracia con su interpretación de “Giselle”.

Foto: Alicia Alonso e Igor Youskevich en Giselle.

Aunque muy unida al American Ballet Theatre, Alonso nunca olvidó Cuba y el 28 de octubre de 1948 fundó su propia compañía, el Ballet Alicia Alonso, luego Ballet Nacional de Cuba. Los problemas económicos asfixiaban la compañía por lo que tuvo que seguir bailando con el American Ballet Theatre y los Ballets Rusos de Montecarlo, hasta que “en eso llegó Fidel”.

Tras la revolución cubana Fidel Castro, se le ofreció recuperar la idea de crear el Ballet Nacional de Cuba como compañía estatal y popularizar la danza en el país, creándose así en 1959 el Ballet Nacional de Cuba. Gracias a Alicia Alonso y a la Revolución Cubana, el ballet dejó de ser algo propio de las élites, de quienes pudieran pagar una entrada, ahora el ballet era del pueblo.

Foto: AliciaAlonso e IgorYouskevitch.

Aunque la idea de hacer precios populares para el público en Cuba surgió bastante antes. Fue en la última gira del Original Ballet Ruso en mayo de 1946, cuando la compañía dio 3 espectáculos extra con precios populares en el “Estadium” de la Universidad. Tras el éxito de esta acción la consecuencia política directa fue la creación en 1946 del Departamento de Cultura de la Federación de estudiantes de Cuba que aportó muchísimo en la educación cultural de los cubanos y antes y después de la revolución.

Hablando de juegos de destino, no podemos dejar de citar otro acontecimiento singular. En una de las giras del Original Ballet Ruso del Coronel Basil por América Latina, en 1940, los problemas económicos debidos a la Segunda Guerra Mundial obligaron al empresario Sol Hurok (uno de los más famosos empresarios norteamericanos, también nacido en Rusia, Solomon Izrailevich Gurkov 1888-1974), a bajar los sueldos. Las protestas de los artistas le llevaron a anular las actuaciones programadas. El resultado fue que 115 personas de la compañía se quedaran sin trabajo y sin poder salir de Cuba. Para sobrevivir, en un cabaret de Habana (la casa anteriormente era la propiedad del Cónsul General de Rusia en la Habana Regino de Truffen), el coreógrafo ruso D. Lishin preparó un programa para la fiesta de Año Nuevo con el nombre “Congo-Pantera”, en cuyo argumento estaban las escenas de caza de panteras en los bosques tropicales de África. Este espectáculo tuvo tanto éxito que estuvo en cartel durante 3 meses seguidos. Así empezó la mundialmente famosa Tropicana.

En 1941 también llegó a La Habana Anna Leontieva, bailarina de Original Ballet Ruso de coronel Basil (hija de la bailarina del Mariinskiy Ballet y de los Ballet Rusos de Diaghilev, Evgenia Klemezkaya). En 1943 allí creo su propio Estudio y el Ballet de Anna Leontieva (en 1946 llegó también su madre) y conseguía tantos éxitos en la isla que, desde 1959, fue nombrada asesora de danza del Ministerio de Cultura de Cuba.

Igualmente, en 1941 volvió a Cuba Alberto Alonso, quien después de años de experiencia con el Ballet Ruso de Montecarlo se encargó de la dirección de la escuela de la SPAM, creada por Yavorsky. Todo esto hizo que la influencia de la escuela rusa de ballet hiciera de Cuba terreno abonado para el desarrollo de una escuela cubana de ballet, misión que llevaría adelante Alicia Alonso.

Nikolay Yavorsky murió en 1947 dejando tras de sí a una gran cantidad de bailarines cubanos y una escuela de ballet ruso adaptada al temperamento latino.

Foto: Alicia Alonso  e IgorYushkevich Ballet Coppelia 1940.

La historia de la influencia rusa en el ballet internacional y, especialmente, en el cubano, no acaba aquí. También llegó a través de la Unión Soviética, haciendo de los bailarines cubanos una combinación de estricta formación integral desde temprana edad, una exposición a un público muy particular y una promoción del arte comparable con la del deporte en otros países.

La Escuela Cubana de Ballet

Como ya hemos explicado, hasta la llegada del maestro ruso Nikolay Yavorsky no había indicios de un estilo cubano de ballet. Alicia Alonso menciona al respecto: “Con él [Yavorsky] comenzaron a estudiar ballet las personas que iniciarían luego el movimiento profesional de ballet en Cuba. Sin embargo, la Escuela de Pro-Arte no tenía como fin la preparación de verdaderos profesionales de la danza”. Pronto marcharon a continuar los estudios en los Estados Unidos, con los grandes profesores rusos que se habían radicado en Nueva York… “Para el surgimiento de la escuela cubana de ballet, para sus características futuras, fue un factor muy importante la formación que recibimos de esos profesores.”

Mucho se ha hablado de los antecedentes de la Escuela Cubana en lo que se refiere a su relación con escuelas precedentes y sobre ese particular Alicia Alonso nos da claras definiciones: “Yo tuve como profesores principales al italiano Enrico Zanfretta, representante de la antigua escuela italiana, de gran importancia en mi formación. Aquí puede verse un punto de contacto entre la antigua escuela italiana y la escuela cubana. También fue para mí una profesora esencial Alexandra Fedorova, ex bailarina formada fundamentalmente por Cecchetti en la escuela de San Petersburgo y que había sido estrella del Ballet Mariinsky. Aquí tenemos un importante contacto con la escuela rusa antigua (…)

En el proceso de formación de la escuela cubana estudiamos también de cerca la escuela soviética, cuando bailé en los principales teatros de la Unión Soviética entre 1957 y 1958. Visité las escuelas, compartí con profesores y bailarines, ofrecimos además clases de exhibición”.

Alonso fue la primera bailarina occidental en actuar en la Unión Soviética y la primera representante latinoamericana en el Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov, en Leningrado (San Petersburgo), en 1957 y 1958, respectivamente.

Todos esos elementos estuvieron presentes en la creación, en 1950, de la Academia de Ballet Alicia Alonso, como parte de un proyecto de gran alcance artístico que se dirigía a la enseñanza del ballet en Cuba con total rigor profesional, quedando en manos de su marido, Fernando Alonso, quien para entonces había dejado de bailar, el trabajo de dirección docente desde donde se iría fraguando el sistema de enseñanza de la Escuela Cubana de Ballet que llega hasta nuestros días.

Estos son solo los pequeños apuntes de la historia del Ballet de Cuba. Se puede hablar mucho más, por ejemplo sobre Alexandra Fiodorova, León Fokin, Eugenia Klimetskaya, Igor Youskevitch, Azari Plisetsky… Será en otra ocasión.

* Más información en el importante trabajo realizado por Mikhail Rossiysky “La emigración rusa en Cuba” (Русское зарубежье на Кубе), fuente de muchos de los datos que aparecen en el presente artículo

Foto: Alicia Alonso y Maya Plisetskaya.

Escrito por Tatiana Solovieva.

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